El afinador estadounidense Ludwig Tomescu, que ha estado a cargo de los más importantes pianos de Nueva York como el del Carnegie Hall y el Lincoln Center, revisa estos días algunos de los Steinway de La Habana donde, como en otros sitios del mundo, su oficio está desapareciendo.

En la Basílica de San Francisco de Asís, un antiguo convento colonial ubicado en el corazón del centro histórico de la ciudad, el célebre Tomescu ha dedicado horas a diagnosticar los problemas de un moderno piano Steinway que la humedad de la isla logró estropear en una década.

Mientras los turistas recorren el interior de la Basílica, ahora museo y emblemática sala de concierto, el técnico da su dictamen a Efe: habrá que cambiar los martinetes y las cuerdas oxidadas por el clima caribeño, pero ese piano le ha servido para estudiar cómo mejorar las condiciones de un Steinway en pleno trópico.

"La alta humedad y la sequedad dañan los pianos. El calor no es tan malo, pero la humedad intensa sí", explicó hoy a Efe Tomescu, quien viajó a la isla por mediación del famoso profesor cubano de piano Salomón Mikowsky, catedrático de la "Manhattan School of Music".

Mikowsky, residente en EE.UU., ha impulsado junto a varias instituciones cubanas el I Encuentro de Jóvenes Pianistas de La Habana, desde hoy y hasta el 9 de junio, en el que al menos 12 de sus mejores alumnos en la escuela neoyorquina tocarán por primera vez en Cuba.

Por ello pidió a Tomescu que se encargara de los pianos de las salas que acogerán el evento.

Pero el técnico norteamericano ha terminado con una lista de pedidos que incluye, además, los pianos del Teatro Nacional, del Oratorio "San Felipe Neri" en La Habana Vieja, de la emisora nacional "Radio Rebelde", los Estudios "Ojalá" del cantautor cubano Silvio Rodríguez y del concertista Frank Fernández, uno de los más importantes del país.

Tomescu, de origen rumano y que dice haber crecido escuchando música cubana, tuvo una formación de pianista concertista pero cambió de profesión, fue contratado por el departamento de conciertos de la Casa Steinway de Nueva York en la década de los 80 y tras 20 años de experiencia abrió su propia empresa de asistencia.

Entre sus clientes han estado virtuosos como la española Alicia de la Rocha, Shura Cherkassky y hasta Vladimir Horowitz, quien en 1982 eligió un piano afinado por él para un concierto en Nueva York, según relata orgulloso.

Las salas de concierto de Perú, Colombia y Chile están entre sus principales clientes en Suramérica, una región que según dice entre bromas "tiene más vibraciones culturales y es más grande" que España, donde nunca ha trabajado.

En La Habana, el técnico, de 52 años, ha encontrado el mismo problema que en sus viajes por otras ciudades: "En todo el mundo es un trabajo que se está perdiendo poco a poco".

"El problema es que el trabajo se demora y mucha gente no entiende eso ni por qué vale tanto un arreglo. Sólo una buena afinación tarda dos horas", sentencia Tomescu.

El cubano Nelson Puig, uno de los mejores profesionales de ese campo en la isla, dijo a Efe que en Cuba se trata de un trabajo "en declive, no hay escuelas y cada vez hay menos técnicos".

Puig, de 45 años y quien comenzó en el oficio por tradición familiar cuando aún era adolescente, fue uno de los asistentes a una especie de taller práctico para cubanos que Tomescu encabezó en La Habana para intercambiar experiencias y sistemas de trabajo.

Según fuentes del Gabinete de Patrimonio Musical Esteban Salas de La Habana, sólo cinco técnicos respondieron a esa convocatoria, lo que demuestra los problemas que afronta el oficio.

Tomescu planea regresar a la isla para ayudar más a los "sabios" técnicos cubanos y tratar de salvar, por ejemplo, el piano de la Basílica, cuya reparación podría costar unos 20.000 dólares, aunque según afirma pagarlos es mejor negocio que gastar 180.000 en un nuevo Steinway alemán de cola.

"Lo bueno de esos pianos es que cuando se arreglan quedan casi como nuevos (...) y pueden durar como 100 años más", explica el reparador.

En su opinión, el "secreto" del oficio está en tener "pensamiento abierto, sentido común y experiencia", en tanto ser músico, como es su caso, "ayuda pero no es necesario".

"Mis dedos andan rápido, puedo tocar y oír cómo suena, percibir cosas más sutiles, pero muchos de mis colegas no son músicos y son muy buenos técnicos", sostiene.

Lo más importante, considera Tomescu, es que un piano esté afinado y suene bien.

"Las cosas mecánicas pueden estar perfectas, puede ser un Steinway o un piano de más baja calidad, pero si no está afinado bien, todo está mal", afirma.