La bonanza de un país no se ve en el pobre que compra un vehículo nuevo, sino en el rico que viaja en el transporte público. Eso no ocurre a menudo en América latina, donde, según un informe sobre desarrollo urbano de la Corporación Andina de Fomento (CAF), “la movilidad es de baja calidad, con sistemas de transporte colectivo deficientes, congestión, contaminación del aire y altos niveles de accidentes de tránsito”. La bonanza de los últimos años ha promovido la venta de coches y motos. Eso ha provocado mayores atascos en ciudades densamente pobladas, como México, San Pablo y Buenos Aires. En la mayoría de esas nuevas unidades viaja sólo el conductor.

En las 15 ciudades auscultadas por la CAF, cuyas poblaciones varían entre 20 millones de personas (México y San Pablo) y 1,2 millones (San José, Costa Rica), el transporte público es vital. El sistema de autobuses y metro no alcanza. Por esa razón han proliferado los proveedores individuales, con vehículos de capacidad escasa y servicio poco eficiente que han perjudicado al transporte habitual. Han servido para paliar el déficit en las horas decisivas de ida al trabajo y de vuelta a casa, pero son ilegales. Igualmente, poco y nada han hecho las autoridades para regularizar su situación.

La densidad promedio de las ciudades de la región es más alta que la de las grandes urbes de los Estados Unidos y Europa. En esas ciudades se efectúan 214,1 millones de viajes por día, 92,3 millones en transporte colectivo (43 por ciento); 62,3 millones en transporte individual (29 por ciento), y 59,2 millones en transporte no motorizado (28 por ciento). En Buenos Aires y algunas ciudades de Brasil, el uso del coche es muy elevado. Eso atenta contra el medio ambiente y los nervios. Produce contaminación no sólo ambiental, sino, también, sonora que, en ocasiones, desquicia a quienes intentan mantener una conversación o hablar por teléfono móvil.

Los sistemas de autobuses con mayor capacidad son los de Bogotá, Caracas, Río de Janeiro y Santiago (Chile). En Bogotá, Curitiba, León (México) y Santiago (Chile) hay carriles exclusivos para ese medio de transporte, pero, a su vez, por el inexorable traslado de la gente de hacia las ciudades, aumentan los conflictos con los automovilistas y los ciclistas, así como con los que conducen motos, y crece la cantidad de accidentes. En San José (Costa Rica), Lima y Montevideo ha crecido el número de quienes optan por las motos; en Buenos Aires, Caracas y la ciudad de México, el de aquellos que han optado por el coche.

Después de los Estados Unidos y Canadá, América latina es la región más urbanizada del planeta. El 82 por ciento de la gente reside en ciudades. El transporte (coches y motos) es el responsable de la mayor parte de las emisiones de contaminantes locales (86 por ciento) y del dióxido de carbono (73 por ciento), gas principal del efecto invernadero. Cada día se emiten 11.000 toneladas de contaminantes locales y 139.000 toneladas de dióxido de carbono. Los peatones son los más perjudicados por la inseguridad vial. Los coches y las motos causan el 38 por ciento de las muertes en accidentes de tránsito.

Si bien ha habido inversiones en vías y sistemas de transporte, las estimadas por la CAF para mejorarlos rondan los 6.200 dólares por habitante. Las tarifas, a su vez, superan el valor deseable del seis por ciento del salario mínimo. Los usuarios del transporte colectivo gastan entre un 50 y un 100 por ciento más tiempo que los usuarios de coches y motos. El confort, la calidad y la seguridad no son frecuentes. Como dice un lema de la ciudad de San Pablo, “non ducor, duco” (no soy conducido, conduzco). ¿Hacia dónde? Esa es la cuestión.

En varias ciudades, el sistema de autobuses es subsidiado por el Estado en un 15 por ciento. Las supera Bruselas, con un 69 por ciento; Madrid, con un 57, y Londres, con un 49 por ciento. La diferencia radica en el servicio, superior en las ciudades europeas, así como en los Estados Unidos y Canadá. En América latina, donde las bicicletas aún no son usuales excepto en Bogotá, quienes viajan en el transporte público están al acecho de carteristas que utilizan diversas técnicas, como los arrebatos o las escenas teatrales. Es otro motivo para quedarse en casa si no es indispensable exponerse a la furia urbana del pobre y el rico con ansias de vehículo propio.