Durante décadas las costas de Puerto Rico han atraído a los estadounidenses con su clima cálido, sus playas prístinas y su costo de vida barato.

Con el anuncio a comienzos de este año de una campaña destinada a promover los incentivos fiscales en este estado asociado a EE. UU., los funcionarios puertorriqueños ahora esperan atraer a los multimillonarios además de a los fanáticos de la playa.

Gracias en parte a sus anuncios publicitando sus espléndidas playas, excelentes escuelas privadas y bajos impuestos, Puerto Rico ya había atraído a una serie de administradores de fondos de cobertura y ejecutivos de empresas. Los funcionarios de la isla dicen que otras 40 personas han solicitado mudarse al paraíso fiscal caribeño, según el New York Times .

Si bien resultó infundado el rumor de que el multimillonario administrador de fondos de cobertura John A. Paulsen estaba considerando mudarse a Puerto Rico, la isla igualmente espera convertirse en el destino de bajos impuestos preferido por los estadounidenses ante otros lugares como Irlanda, Singapur y Suiza.

“Es un estilo de vida muy bueno… además de que no hay que pagar impuestos, lo que es totalmente legal”, dijo a Bloomberg Television Alberto Bacó Bagué, secretario de desarrollo económico y comercio de Puerto Rico.

Para poder ser residente de Puerto Rico solo se necesita vivir en la isla 183 días al año y, a diferencia de con otros paraísos fiscales –Suiza, por ejemplo–, los estadounidenses que se mudan a la isla no tienen que renunciar a su ciudadanía.

Con un ingreso per cápita de unos $15,200 –la mitad que el del estado más pobre de EE. UU., Mississippi,– Puerto Rico ya ha utilizado incentivos fiscales antes, especialmente en la manufactura, para fomentar su economía. Estos nuevos incentivos, sin embargo, pasan de la manufactura a los servicios financieros, legales y de otros tipos.

En otras palabras, Puerto Rico espera atraer a empresas que generen grandes ganancias sin el espacio que ocupan las manufacturas. Una afluencia de multimillonarios, o incluso millonarios, le daría un gran impulso a la economía de la isla, que actualmente tiene una tasa de desempleo de más del 13 por ciento y cuya calificación fue degradada en diciembre por Moody’s Investors Services a un nivel por encima del de chatarra.

La movida fiscal de Puerto Rico ocurre justo cuando Florida también ha comenzado a atraer a individuos de fortuna a un estado que ya no cobra impuesto estatal a las ganancias.

Los ricos ya han expresado su ira porque sienten que son objeto de impuestos desproporcionadamente elevados, mientras que sus abogados les advierten que podrían parecer poco patrióticos a los políticos si se los percibe como evasores fiscales.

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