Mathieu Valbuena sentirá escalofríos cuando el próximo martes salte al Estadio de Francia para defender los colores de los "bleus" contra España.

Por las venas de este centrocampista del Olympique de Marsella, nacido hace 28 años en Bruges, al suroeste de Francia, y que se ha convertido en el auténtico motor de la selección francesa, corre sangre española, la de su padre, Carlos, nacido en Valladolid.

Valbuena reconoce que jugar contra España "es algo muy especial". En octubre pasado, cuando se enfrentó a "la Roja" en el Vicente Calderón, se le puso la carne de gallina al medirse contra el equipo que su padre le mostraba con orgullo cuando era niño.

"Fue un momento especial, siempre he seguido mucho a la selección española, mi padre me hablaba constantemente", asegura el menudo futbolista.

Sin embargo, esa proximidad con la selección española no le impidió trabajar para su país. Su salida en el segundo tiempo cambió por completo el guión de un partido que, en la primera mitad, había estado dominado por los hombres de Vicente del Bosque, que se marcharon al vestuario con ventaja en el marcado gracias al tanto logrado por Sergio Ramos.

Apoyados en el dinamismo de Valbuena, los de Didier Deschamps se hicieron con el control del partido y disfrutaron de varias ocasiones para lograr el empate, que llegó en el descuento de la mano de Olivier Giroud.

Valbuena volverá a olvidar sus orígenes el próximo martes para lograr que Francia conserve la primera plaza del grupo I de la fase de clasificación para el Mundial, la única que da acceso directo al Mundial de Brasil.

También lo hará Carlos Valbuena, empleado municipal en Blanquefort, a las afueras de Burdeos.

"Yo me siento español, pero el martes quiero que gane mi hijo", afirma en conversación telefónica con Efe.

Carlos Valbuena quiere que España también se clasifique. "Pero los españoles no tendrán problemas en hacerlo en la repesca, a dos partidos no veo quién puede eliminarles", asegura.

El padre del futbolista vive en Francia desde que tenía 3 años, cuando sus padres se instalaron en el suroeste del país en busca de un futuro para la familia.

Allí nació Mathieu, que pronto despuntó por su afición por el fútbol. Carlos le llevó en varias ocasiones al Camp Nou, para ver al Barça de Johan Cruyff, del que se enamoró por su fútbol técnico.

Tras una etapa en las categorías inferiores del Girondins de Burdeos, Valbuena vio frenadas sus ambiciones por su pequeña talla.

Obligado a jugar en un club de aficionados y combinar el fútbol con un trabajo en una tienda de ropa, Valbuena no perdió la fe. Fichó por el Libourne y, poco a poco, se convirtió en el hombre clave del equipo y fue elegido mejor jugador del campeonato, lo que le llevó a ser observado por el Olympique de Marsella, que le ofreció su primer contrato profesional en 2006.

Allí tardó en explotar como jugador y lo hizo de la mano de Deschamps, que tardó en otorgarle la titularidad pero acabó por convertirle en un imprescindible en el equipo.

El ahora seleccionador vuelve a confiar en el bajito futbolista de 168 centímetros que compensa su falta de altura con una gran velocidad y vivacidad.

Valbuena, que suma ya cinco tantos con la "bleu", ha marcado en los tres últimos partidos de Francia, contra Italia, Alemania y Georgia.

En este último partido, además, dio dos pases de gol a Giroud y a Ribéry y acabó siendo aclamado por el Estadio de Francia cuando abandonó el terreno a los 67 minutos.

A su padre se le pusieron los ojos cristalinos al contemplar la escena.

Carlos Valbuena piensa ahora en el encuentro del martes, que presenciará en el Estadio de Francia acompañado de dos de sus primos que vendrán desde Laguna de Duero.

En esa ciudad dormitorio de Valladolid pasa cada año parte de sus vacaciones. Y durante años también lo hacía Mathieu, que acude menos desde que es profesional

"Creo que la última vez fue hace unos años, para la boda de uno de sus primos", relata el padre.

Le resulta difícil ocultar el orgullo por su hijo que camina para convertirse en una pieza clave de la selección francesa. Aunque para eso tenga que traicionar a su sangre española.

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Luis Miguel Pascual