El fundador del organismo defensor de la fauna marina Sea Shepherd, el canadiense Paul Watson, se ocultó hoy tras la llegada de tres barcos de la ONG a Australia por temor a ser detenido debido los litigios por su campaña contra los balleneros japoneses.

Aunque las autoridades australianas declararon que no tienen intención de arrestar a Watson, fuentes de la ONG indicaron que el ecologista ya no se encuentra en ninguno de los barcos Steve Irwin, Bob Barker y Sam Simon atracados en Melbourne, sino en un lugar secreto en suelo australiano.

Según el portal de internet de la Interpol, Japón requiere a Watson para juzgarlo "por los delitos de penetración por la fuerza en un buque, daños a la propiedad, obstrucción de actividades comerciales con uso de la fuerza, y lesiones" por incidentes ocurridos en febrero de 2010 en mares antárticos.

Además, Costa Rica lo requiere por otros presuntos delitos.

Hoy, el jefe de la misión de Sea Shepherd y exlíder del Partido Verde Australiano, Bob Brown, pidió al Gobierno de Camberra que aclare si detendrá al capitán Watson si pisa su territorio.

"Hasta donde sabemos no se han presentado cargos contra él, pero si Japón está buscando que arresten a Paul Watson, queremos que el Gobierno australiano se pronuncie al respecto", comentó Brown a los periodistas.

Por su lado, el Fiscal General de Australia, Mark Dreyfus, aseguró hoy que "Watson no es sujeto de ninguna orden de arresto dentro de la jurisdicción australiana" y comentó que si bien no puede evitar que una persona sea sometida a un eventual proceso de extradición, se necesita una orden de arresto para ello.

Dreyfus también recordó que Australia se opone a la caza de ballenas y por ello presentó una demanda ante la Corte Internacional de Justicia en 2010 para cuestionar la validez del programa científico japonés en la Antártida, a través del cual Japón justifica sus capturas de cetáceos.

Sea Shepherd, cuyos barcos sufrieron daños tras ser embestidos el mes pasado por los balleneros japoneses, considera que la campaña de este año ha sido la más exitosa y se ha logrado prevenir la muerte de unos 800 cetáceos, informó hoy la AAP.

En la campaña 2011/2012, Japón no cubrió un tercio de su cuota, fijado en unas 900 piezas, debido al mal tiempo y las acciones de dos barcos de Sea Shepherd, que siguieron a los pesqueros japoneses durante 27.000 kilómetros e impidieron la faena en varias ocasiones.

Japón abandonó la caza de ballenas en 1986 tras una moratoria internacional, pero la retomó en 1987 tras alegar motivos científicos y fletó expediciones a la Antártida en nombre del Instituto de Investigación de Cetáceos.