Francisco se dio el domingo un baño de multitudes en el rezo de su primer Angelus, pero dicen quienes lo conocen que el papa está muy tranquilo a pesar de tanta expectación.

Poco después, y aunque en su pasado como cardenal Jorge Bergoglio no se distinguió por el uso de redes sociales, pidió al mundo que siga rezando por él en su primer tuit a través del perfil Pontifex, que permanecía inactivo desde la renuncia de Benedicto XVI.

Unas 150.000 personas, entre ellos el presidente chileno Sebastián Piñera, se congregaron en la plaza de San Pedro del Vaticano para asistir al primer gran acto multitudinario del papa desde su elección el pasado miércoles.

El pontífice, que improvisó parte de su intervención, cautivó a la multitud al iniciar sus palabras con un sencillo "fratelli e sorelle, buon giorno" (hermanos y hermanas, buenos días) y culminar con un "buon pranzo" (buen provecho). También se apartó de la tradición al hablar solamente en italiano en lugar de saludar en varios idiomas a los fieles, que lo despidieron con risas y aplausos.

"Habla como si estuviera en una parroquia", dijo José María Zivano, de 39 años, sacerdote de la parroquia de San Benito en Buenos Aires.

Zivano y su compañero Mariano del Río, también religioso, se despidieron hace unos días de Bergoglio y se reencontraron el domingo en Roma con Francisco.

"Se marchó como nuestro obispo Bergoglio y ahora es papa", recordó Zivano a The Associated Press. "Dice que está muy bien y con mucha paz. Y creo que lo está transmitiendo".

Del Río admitió que el saludo fue muy afectuoso y que al margen de la sotana blanca no notaron grandes cambios.

"Estamos impresionados y felices", señaló. "Es la misma persona que habla directo al corazón".

Desde el balcón de su residencia, Francisco se dirigió brevemente a los fieles antes de rezar el Angelus. Y les recordó que la "misericordia" y el perdón cambian el mundo.

Banderas argentinas y de otros países latinoamericanos se hicieron notar con especial intensidad. Entre la gran cantidad de mensajes, destacaba una pancarta con la leyenda "La mano de Dios".

Es una expresión tradicionalmente reservada a Diego Maradona y su gol contra Inglaterra en el Mundial de 1986, que quizá ahora el futbolista tenga que compartir con el nuevo papa por su origen argentino.

"Es por Diego (Maradona) y esperemos que sea por la Iglesia", dijo Gonzalo Torreiro, un argentino de 33 años que llevaba la pancarta, con letras celestes bordadas a mano sobre una sábana, junto a su esposa. "El nuevo papa es una persona cotidiana, original y espontánea, con los mismos gestos que tenía en la Argentina".

El primer papa latinoamericano de la historia parece haber sido muy bien acogido entre los católicos gracias a la naturalidad de sus gestos y algunos mensajes como el del sábado a favor de una "Iglesia pobre y para los pobres". En la plaza se podían leer carteles como "Francisco eres la primavera de la Iglesia" o "Gracias Francisco por devolvernos a la sencillez".

"No me identifico con la Iglesia, pero creo que Francisco ha sido un soplo de aire fresco que puede traer el cambio", dijo Alma Macho, una chilena de 59 años residente en Roma que asistía al Angelus por primera vez. "El Vaticano parecía un supermercado y estos mensajes a favor de la paz y la pobreza son fundamentales".

Después del rezo en la plaza, Francisco estrenó la cuenta de Twitter Pontifex con su primer tuit.

"Queridos amigos, os doy las gracias de corazón y os ruego que sigáis rezando por mí. Papa Francisco", escribió.

Horas antes del Angelus, se saltó el protocolo y apareció en las inmediaciones de la plaza de San Pedro, para sorpresa de fieles y curiosos que lo recibieron con aplausos y vítores.

En su estilo informal, habló con el jefe de seguridad y le indicó que quería saludar a dos sacerdotes, a quienes abrazó cariñosamente.

Posteriormente se dirigió a la iglesia de Santa Ana, dentro del Vaticano, donde celebró la misa dominical a la que tradicionalmente asisten los residentes en este pequeño Estado.

El flamante papa retomará su agenda el lunes con el esperado encuentro con la presidenta Cristina Fernández, que llegó el domingo a Roma y con la que no mantuvo buena sintonía en el pasado.

Francisco presidirá el martes la misa de su entronización pontifical, a la que asistirán líderes de todo el planeta como la propia Fernández, Piñera, los presidentes de Ecuador y de España, Rafael Correa y Mariano Rajoy, así como el vicepresidente de Estados Unidos Joe Biden, entre otros.

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