A pesar de las constantes batallas de presupuesto y las acusaciones mutuas por parte de los encargados de fijar la política del gobierno, las perspectivas fiscales a corto plazo no son del todo malas. En realidad mejoran, al menos por ahora.

Washington está tomando prestados unos 25 centavos de cada dólar que gasta, una baja en comparación con un poco más de 40 centavos hace pocos años.

El déficit del presupuesto federal bajará a 845.000 millones de dólares este año tras sobrepasar 1 billón de dólares durante cuatro años seguidos, proyecta la Oficina de Presupuesto del Congreso (COB, por sus siglas en inglés), una entidad no partidista. Pero incluso si el Congreso no toma medidas para reducir el gasto o aumentar los impuestos, el déficit seguirá reduciéndose, a 430.000 millones de dólares para el año fiscal 2015, indicó la CBO.

Pero, sin tomar en cuenta grandes reformas por parte del presidente y el Congreso, las finanzas de la nación comenzarán a empeorar de nuevo a medida que tres grandes programas sociales — el Seguro Social, el Medicare y el Medicaid — se hacen más costosos e inmanejables bajo el peso de la cantidad de personas de la explosión demográfica de la posguerra que se jubilan.

Las recientes mejoras en el presupuesto recibieron el impulso de un aumento en los ingresos por concepto de impuestos a las compañías en momentos que el mundo empresarial estadounidense y muchos individuos de alto patrimonio están pagando más en impuestos. Las acciones bursátiles están fijando nuevos récords y las ganancias empresariales andan por las nubes.

Sin embargo, la reciente mejoría en los libros del gobierno y las empresas no ha sido compartida por millones de trabajadores. Es como si vivieran en economías separadas.

El desempleo se mantiene alto, en 7,7%, casi cuatro años después de la peor recesión desde que la Gran Depresión terminó oficialmente, aún muy por encima del nivel de 5% de antes de la recesión. Por su parte, las compañías no se sienten presionadas a aumentar los sueldos porque hay muchas personas buscando trabajo y los que sí tienen empleo tienen que trabajar más duro y aumentar la productividad.

Las empresas también se han beneficiado de las políticas de bajos intereses de la Reserva Federal durante los últimos cuatro años.

Al mantener las tasas de interés casi en cero y abarrotar los mercados financieros con dinero fresco, la Fed ha impulsado el alza del precio de las acciones en parte a costa de muchos jubilados y otras personas que han visto reducirse las ganancias de sus ahorros.

"A la economía del sector privado le va muy bien y mejora poco a poco", dijo Mark Zandi, economista jefe de Moody's Analytics. "Las ganancias están en niveles récord, los márgenes de ganancias nunca han sido tan amplios. Eso es particularmente cierto para las grandes compañías que se cotizan en la bolsa".

En un vistazo a futuro, Zandi dijo: "Espero que la situación baje de tono Washington y que el déficit se estabilice para finales de esta década y la próxima. Después de eso, comenzará a aumentar de nuevo".

Incluso antes que la reducción automática de gastos de 85.000 millones entrara en vigor el 1 de marzo, el gasto del gobierno se estaba reduciendo debido al vencimiento del estímulo federal y otros programas contra la recesión de los presidentes George W. Bush y Barack Obama.

Steven Rattner, el antiguo "zar del sector automotor" del presidente Obama, ha criticado al mandatario por exagerar las consecuencias del recorte de gastos de 85.000 millones de dólares, que presentó como un desastre que amenazaba a la nación. Desde entonces Obama ha bajado de tono la retórica y ha tratado de acercarse a los legisladores republicanos, algo que ha complacido a Rattner.