Tras cincuenta años en la firma familiar y veinticinco al frente de la Fundación Loewe, Enrique Loewe, curtido en el mundo de la moda y de la cultura, ha decidido jubilarse y ceder el paso a su hija Shaila, orgulloso de "encontrar a una persona con la misma ilusión que tenía yo cuando empecé".

Según Enrique Loewe, que pertenece a la cuarta generación de la empresa familiar, "su trayectoria profesional ha sido un reflejo de la vida misma, con sonrisas y lágrimas". Eso sí -añade-, "con una importante dosis de humor y una serie de experiencias gratificantes", ha explicado hoy en una entrevista con Efe.

A sus 72 años, el presidente honorífico de Loewe se jubila. "La vida tiene un camino y a mí me toca seguirlo con agradecimiento por haber llegado hasta aquí".

Para él, la moda es "un instrumento fabuloso para conocer la sociedad y para entender estos momentos de crisis y de pérdida de valores. Todo, menos dejar pasar el tiempo y holgazanear", asegura Loewe, quien cita a Octavio Paz para definir a la moda: "La esencia misma de la modernidad".

La cultura y la moda está íntimamente ligadas. "A través de la moda podemos soñar. La moda es sentido del humor, es democratización, es la oportunidad de buscar las diferentes personalidades de las que hablaba Pirandello".

Pero Enrique Loewe se lamenta de que, en la actualidad, la moda importe "un pepino" y, más aún, cuando nos hallamos en una crisis terrible. "Estamos viviendo ocho o nueve crisis al mismo tiempo. Es ésta una época dura que marcará una nueva forma de vida y de resolver los problemas que nos acucian".

"Hay que parar un instante, pensar, escuchar y buscar soluciones", añade. "Las personas que tienen creatividad han de ponerla al servicio de los demás para conseguir una vida más digna, más grata".

Más humanista que empresario, o todo un empresario humanista, a Loewe le preocupa cualquier "vida mal vivida, quejosa o piojosa" y recuerda al poeta Antonio Colinas cuando asegura que es el momento de ser "flexibles y buscar replanteamientos. Si no, vamos a ser una máquina de hacer parados y personas desesperadas".

La moda española "está bien -sugiere-, pero no tiene voz propia". Reconoce que hay un esfuerzo creativo muy meritorio, pero que "tiene lagunas en el campo de la comercialización, del 'marketing', de su presencia en los mercados exteriores. Aún tiene un largo recorrido por hacer: lo importante es que no se equivoque".

Licenciado en Ciencias Económicas, Enrique Loewe entró en la empresa familiar en 1964, en la fabrica de maletas Taura. "Encontré un espacio que tenía relación con la economía y con el 'marketing', materias que había estudiado", explica.

Desde entonces y hasta 1996, se curtió en cientos de batallas empresariales y proyectos tan interesantes como la incorporación a la empresa del "prêt-à-porter".

"En esos momentos, la firma no sabía nada de 'prêt-à-porter' y tuvo la suerte y la experiencia maravillosa de contar con la genialidad de los gurús Karl Lagerfeld y Armani, hecho que marcó mi vida y también la de Loewe".

Una de las experiencias que le ha hecho más feliz ha sido la creación de los perfumes. "No podía renunciar a los perfumes, un mundo onírico que invita a imaginarse una marca a través de los sueños que evocan los aromas", comparte.

Cuando Loewe contemplaba la internacionalización de la marca, llegó su venta al grupo LVMH. "Como ya conocemos la novela, no puedo decir si fue mejor o peor: solo hay que ver y juzgar", dice Enrique Loewe, quien reconoce que, en origen, éste "no era el camino".

"Nosotros éramos una empresa familiar -apunta- que probablemente hubiera querido seguir siéndolo, pero no pudo ser. Hubiera sido bonito, sí, pero no pudo ser".

La empresa encontró otras caminos y, de esta manera, continuó "sobreviviendo nuestra ilusión, nuestro amor por la marca, nuestra alma artesanal y nuestra vocación internacional".

Para entonces, Enrique Loewe ya había creado la Fundación. "Lo bonito de ésta es que llegó como una primavera, antes de tiempo, una oportunidad que me daba la firma para dedicarme a la vocación de mi vida, las artes".

La Fundación nació en 1987 con la intención de explicarle a la sociedad española que Loewe no era un fenómeno elitista, sino un lugar donde la cultura española importaba.

A continuación se creó el Premio Internacional de Poesía de la Fundación Loewe. "Un premio con el que hemos intentado aplicar a la cultura todo lo que habíamos aprendido en el campo del diseño".

Ahora cumple 25 años este galardón y para conmemorarlo mañana se celebrará en el Instituto Cervantes una reunión en la que estarán presentes una importante antología de poetas que lo han recibido. La poesía, para Loewe, es "la síntesis de todas las preocupaciones".

Un momento que este patrón de la moda y la cultura de nuestro país aprovechará para dar "la alternativa" a su hija. "Estoy muy orgulloso de que sea mi hija Shaila (quien me suceda), y más cuando no ha sido una elección mía".

Feliz de la orquesta que su hija va a poner en pie, Loewe cuenta que espera le dejen tocar la viola en esta nueva partitura: "Seguiré opinando, aunque no decidiendo".

No ha querido prodigarse en consejos a Shaila. Tan solo desea que la Fundación, hoy de carácter nacional, se convierta en un proyecto internacional y establezca lenguajes que se entiendan y extiendan por todo el mundo.

"Para ello, habrá que potenciar la danza, un lenguaje universal, que nos haga trasmitir la cultura española y las inquietudes de Loewe, un criatura nacional en un 20 por ciento", ha concluido.

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Por Carmen Martín.