La Casa Blanca bajo el mando de Barack Obama bloqueó repetidamente las recomendaciones de la entonces titular de Exteriores Hillary Clinton y su equipo respecto a Afganistán, de acuerdo con un nuevo libro de un antiguo asesor del Departamento de Estado.

La revista Foreign Policy publicó hoy unos extractos del libro "La Nación prescindible", que saldrá a la venta el próximo mes y que ya ha provocado incómodas reacciones en la Casa Blanca y el Departamento de Estado.

Escrito por Vali Nars, un exasesor del que fuera enviado especial de EE.UU. para Afganistán y Pakistán hasta finales de 2010, Richard Holbrooke, el libro asegura que la Casa Blanca boicoteó los esfuerzos de ese funcionario, muy próximo a Clinton, por impulsar el proceso de paz afgano y las negociaciones con los talibán.

Holbrooke era un asesor de Clinton que "habría sido secretario de Estado si ella hubiera ganado la Presidencia", y al que la ex primera dama quiso nombrar como su "número dos" en la diplomacia, pero la Casa Blanca "lo vetó", recelosa aún de su papel protagonista en la campaña primaria de 2008 contra Obama, según Nars.

"Las batallas políticas existen en cualquier Administración, pero la Casa Blanca de Obama ha sido particularmente voraz", escribe.

"El círculo cercano a Obama, compuesto por veteranos de su campaña, sospechaba de Clinton. Incluso después de que Clinton probara que podía trabajar en equipo, seguían preocupados por su popularidad y temían que pudiera eclipsar al presidente", agrega.

En muchas ocasiones, Clinton acudía directamente a Obama para hablar sobre asuntos políticos para evitar el bloqueo que suponía contactar con sus asesores, según el exdiplomático.

"Clinton se llevaba bien con Obama, pero en Afganistán y Pakistán el Departamento de Estado tuvo que luchar con todas sus fuerzas para que se le escuchara siquiera en la Casa Blanca", afirma. "Si no hubiera sido por la tenacidad de Clinton y el respeto que inspiraba, el Departamento de Estado no habría podido influir en absoluto en la diplomacia".

Holbrooke, fallecido en diciembre de 2010, "quedaba excluido de las videoconferencias de Obama con (el presidente afgano, Hamid) Karzai, y le dejaron fuera de la comitiva presidencial cuando Obama fue a Afganistán" a comienzos de su primer mandato, indica el libro.

"La campaña de la Casa Blanca contra el Departamento de Estado, y en especial contra Holbrooke, fue en ocasiones un teatro del absurdo", asegura.

La Casa Blanca veía con escepticismo la oficina que Holbrooke creó en el Departamento de Estado, y la propuesta del diplomático de iniciar negociaciones con los talibán "tuvo que esperar 18 meses" hasta que la residencia presidencial decidió adoptarla.

Una vez iniciadas esas conversaciones, en 2011, la decisión de Obama de empezar a retirar las tropas que había enviado un año antes "apagó las perspectivas de una buena solución", al enviar a los talibán el mensaje de que EE.UU. ya no lucharía en el país.

"Hoy, Estados Unidos se está lavando las manos en esta guerra", asegura. "Muy probablemente, los talibán conquistarán Afganistán de nuevo y esta larga y costosa guerra habrá sido para nada".

Nars asegura además que, cuando Holbrooke murió, la Casa Blanca se negó a reemplazarlo con John Podesta, el exjefe de gabinete de Bill Clinton, como quería la secretaria de Estado.

"Aún así, una y otra vez, cuando las cosas parecían derrumbarse, la Administración acababa pidiendo ayuda a Clinton, porque sabían que era la única que podía resolver la situación", apuntó.

Preguntado por el libro, el asesor adjunto para exteriores de la Casa Blanca, Ben Rhodes, dijo al diario The New York Times que no es costumbre incluir a personal del Departamento de Estado en videoconferencias presidenciales, y que era "esencial" marcar una fecha de retirada de Afganistán para que el Gobierno de Karzai asumiera su responsabilidad.

Por su parte, el Departamento de Estado, a través de su portavoz Patrick Ventrell, defendió que tiene "una excelente relación con sus compañeros de la Casa Blanca" y que sí "hace contribuciones" a la política exterior.