Alfredo Di Stéfano, George Best, Nobby Stiles, Bobby Charlton y Fernando Redondo marcan el paso de una larga lista de historias que a lo largo de casi cincuenta años, entre 1957 y 2003, dignificaron en Old Trafford los duelos europeos entre Manchester y Real Madrid.

El quinto duelo entre ambos clubes se presenta apasionante. Una década después del último, el mundo del fútbol espera con impaciencia el inicio de un choque que se celebrará en un estadio que guarda muchas historias imposibles de borrar con el paso del tiempo.

Han pasado 55 años, diez meses y siete días desde el 25 de abril de 1957, una fecha lejana en blanco y negro pero que Real Madrid y Manchester colorearon tras firmar un gran partido en Old Trafford, el primero que disputaron en ese estadio ambos clubes.

Aquel día, el conjunto madridista defendía el 3-1 que logró en la ida de las semifinales de la Copa de Europa. Sus rivales, los temibles "Busty Babes", eran muy respetados por el continente y estaban destinados a formar un equipo de leyenda. Sin embargo, un accidente aéreo en Múnich un año después truncó la carrera de muchos futbolistas talentosos que se quedaron por el camino.

Pero en aquella fecha de 1957, todos estuvieron sobre el campo. Bobby Charlton, que sobreviviría al fatídico accidente, y otros nombres como Duncan Edwards, Roger Byrne, Eddie Colman, David Pegg, Tommy Taylor o Liam Whelan, exigían respeto.

El Real Madrid tampoco se quedaba atrás. Estaba iniciando un reinado de cinco años por Europa y futbolistas de la talla de Di Stéfano, Gento o Kopa daban auténtico miedo. Pero esos temores mutuos se traducían en total cordialidad, como demuestra la comida que compartieron todos el día antes del partido.

Los 90 minutos del choque concluyeron con un 2-2 en el marcador. Los blancos llegaron a ponerse 0-2 en el marcador con goles de Kopa y Rial. Taylor y Charlton lograron empatar, pero el Manchester no pudo pasar la eliminatoria. Años después, Charlton recordó aquel día: "Cuando vi a Di Stéfano pensé: ¡nunca he visto nada igual! Nadie me ha impresionado tanto como él", dijo.

El entrenador blanco de aquel equipo, José Villalonga, sacó pecho después del partido: "Veníamos al infierno y nos hemos encontrado con que los que ya estaban en el infierno eran ellos. Nosotros estamos en la gloria".

Aquellas palabras se volvieron en su contra algo más de una década después, en 1968, cuando, de nuevo en semifinales, el Real Madrid volvía a Old Traford para jugar la ida de la Copa de Europa. Sólo Gento y Charlton sobrevivían del primer encuentro y George Best era toda una realidad con sus defectos y virtudes.

Fue el galés quien se encargó de marcar el único gol de la victoria del Manchester, que pudo ser muy abultada si el portero Antonio Betancort no llega a completar uno de los partidos de su vida.

El choque fue muy duro. Zunzunegui lo terminó con una brecha en la cabeza, González volvió a Madrid con un ojo morado y Pirri acabó cojo. Y es que enfrente estaba el desdentado Nobby Stiles, un centrocampista durísimo que en su infancia, obsesionado con el Manchester y nervioso por un resultado, metió la cabeza entre los barrotes de una silla y tuvieron que serrarla para rescatarlo.

La vuelta en el Bernabéu acabó 3-3 y los ingleses pasaron a una final que ganarían al Benfica de Eusebio. Desde aquella eliminatoria, hasta la siguiente, en el curso 1999/2000, tuvieron que pasar 31 años para volver a ver en Old Trafford un encuentro entre los dos equipos. Fue en la vuelta de los cuartos de final y un nombre sobresalió por encima del resto: Fernando Redondo.

El centrocampista argentino protagonizó un histórico 2-3 que daba el pase a semifinales al Real Madrid después del 0-0 de la ida. Un taconazo mágico que dejó fuera de juego a Jaap Stam y su posterior asistencia a Raúl González quedaron para la historia. Fue su momento cumbre en un equipo que acabó ganando aquella edición de la Liga de Campeones.

Tras Redondo, Ronaldo Nazario recogió el testigo en la temporada 2002/2003. De nuevo en cuartos, y en la vuelta con una ventaja de 3-1 para el Madrid, el brasileño dio toda una exhibición marcando los tres goles blancos del 4-3 final con el que acabó el choque.

Fue todo un espectáculo del que sólo sobreviven Iker Casillas y Ryan Giggs, que mañana cumplirá 1.001 partidos con el Manchester. Giggs es otro mito viviente de tantos que pasaron por Old Trafford para forjar una historia que continuará con figuras como las de Cristiano Ronaldo o Wayne Rooney. El teatro de los sueños decidirá.