Kenia concluye hoy la campaña electoral de cara a las elecciones del próximo lunes, las primeras tras la oleada de violencia postelectoral que a finales de 2007 y principios de 2008 dejó unos 1.300 muertos y cientos de miles de damnificados.

Los principales candidatos presidenciales cerraron su campaña en la capital keniana con peticiones de voto masivo para obtener la victoria en la primera ronda, algo que desechan todas las encuestas publicadas.

El primer ministro, Raila Odinga, líder del Movimiento Democrático Naranja (ODM, en su acrónimo inglés) y uno de los favoritos para llegar a la presidencia, convocó a sus seguidores en el capitalino Estadio Nyayo.

Por su parte, el otro gran aspirante, el viceprimer ministro y extitular de Finanzas, Uhuru Kenyatta, de La Alianza Nacional (TNA), clausuró la campaña a unos centenares de metros de su rival, en el céntrico parque nairobita que lleva su nombre: Uhuru, "libertad" en swahili.

Los dos candidatos prometieron aceptar el resultado de las urnas y urgieron a sus seguidores -quienes acudieron en masa a esos últimos mítines- a mantener la calma y votar en paz, según la prensa local.

La campaña cierra con algunas dudas sobre la integridad del proceso: la Comisión de Kenia para los Derechos Humanos publicó ayer un comunicado en el que aseguraba que existía compra de votos, un extremo que también apuntó hoy el diario más antiguo del país africano, "The Standard".

El lunes ha sido declarado día festivo para que los 14,3 millones de votantes registrados puedan acudir a las urnas en unos séxtuples comicios en los que se elegirá a los representantes políticos de todos los rangos para los próximos cinco años.

El actual presidente, Mwai Kibaki, que pidió ayer a sus compatriotas votar en paz para evitar repetir los disturbios postelectorales de 2007-2008, no concurre a los comicios al haber agotado el máximo de dos mandatos que estipula la Constitución.

Kenyatta y su aliado político, el diputado y exministro William Ruto, están imputados por la Corte Penal Internacional por crímenes contra la humanidad supuestamente cometidos durante la violencia postelectoral de hace un lustro.

Tras las polémicas elecciones de diciembre de 2007, Kenia sufrió una oleada de violencia que se extendió durante los dos primeros meses de 2008 y dejó unos 1.300 muertos y cientos de miles de desplazados.

Esos sucesos se produjeron principalmente entre los partidarios del presidente, Kibaki -de la tibu mayoritaria, kikuyu, a la que pertenece la quinta parte de la población, y que se proclamó vencedor de los comicios-, y Odinga, quien reclamó para sí la victoria.

La violencia postelectoral, de tintes tribalistas, se frenó con la firma de un acuerdo el 28 de febrero de 2008 que daría lugar a la creación, en abril de ese año, de un Gobierno de unidad nacional en el que Odinga -de la tribu lúo- ocupó el cargo de primer ministro (creado "ah hoc"), mientras que Kibaki mantuvo la presidencia.