La Sala Clementina, donde Benedicto XVI recibió a los cardenales por última vez y prometió "obediencia incondicional" a su sucesor, es un bello salón del siglo XVI que el papa Clemente VIII dedicó a la memoria de Clemente I, el cuarto romano pontífice.

Con sus mármoles y sus frescos renacentistas, es la sala donde los papas reciben a los jefes de Estado y altos funcionarios del mundo. También es el lugar donde yace un papa difunto para que los funcionarios del Vaticano presenten sus respetos en la intimidad.