Los republicanos que sufren por las recientes derrotas en las elecciones presidenciales pueden consolarse con un hecho incontrastable: en las últimas décadas han logrado imponer muchos de sus ideales.

Por más que el partido haya sufrido algunos reveses electorales --perdieron el voto popular en cinco de los últimos seis comicios presidenciales--, el gobierno se corrió a la derecha en impuestos, gastos y otras políticas. Se podría decir que los republicanos pierden batallas pero ganan guerras.

El giro hacia la derecha constituye un curioso trasfondo para las denuncias de los republicanos de que el país está abrumado por gastos masivos e impuestos.

Los legisladores republicanos, por ejemplo, se oponen tajantemente a la propuesta del presidente Barack Obama de que se aumenten los impuestos a las ganancias como parte de un proyecto alternativo a los recortes a los gastos que entrarán en vigor en los próximos días si no hay un acuerdo. Sin embargo, los impuestos federales, en proporción con la economía en general, han sido los más bajos desde 1950 en los cuatro años de gobierno de Obama.

¿Y qué hay de la queja de que el gasto en cupones alimenticios, protección del medio ambiente y otras actividades del gobierno federal está fuera de control? Los gastos discrecionales no militares oscilaron entre el 3,8 y el 5,1% de la economía en general a lo largo de la década de 1970. A partir de 1986, nunca superaron el 3,8% hasta que la recesión del 2008 redujo sustancialmente la actividad económica.

Los conservadores, no obstante, no han podido frenar el crecimiento de programas de asistencia como los seguros médicos Medicare y Medicaid y el Seguro Social. Estos programas, tan populares como costosos, plantean serios peligros para la salud fiscal del país si no se encuentran formas de solventarlos.

En algunos temas sociales, en particular los derechos de los gays, hubo un giro a la izquierda. Pero en otro tema clave, el control de armas, el viro fue hacia la derecha.

A pesar de una serie de matanzas en escuelas, es poco probable que se reinstaure una prohibición a la venta de armas ofensivas que expiró en el 2004. En 1969 una comisión presidencial controlada por los republicanos recomendó la confiscación de la mayor parte de las pistolas, una noción que hoy sería inconcebible.

"El espectro político en general se ha corrido a la derecha", dijo Bruce Bartlett, asesor económico de la presidencia durante los gobiernos de Ronald Reagan y George H.W. Bush.

Hay quienes dicen que, por naturaleza, los demócratas son más proclives a ceder en aras de soluciones que conduzcan a un "buen gobierno". Los republicanos, en cambio, son menos inclinados a transar y a reforzar el papel del gobierno. Y cuando un bando transa y el otro no, el centro del debate se mueve hacia el lado del que no cede.

Alan Abramowitz, profesor de ciencias políticas de la Emory University, dice que el Partido Demócrata se ha transformado "esencialmente en un partido centrista, y lo sigue siendo a pesar de perder su ala derecha en los años 60 como consecuencia de un realineamiento del sur del país". Los republicanos, en tanto, "se han corrido mucho a la derecha desde los 60".

Y lo que sería el centro "se corrió también a la derecha en relación con el sitio que ocupaba hace 30 o 40 años en la mayor parte de los temas", sostuvo Abramowitz.

Abramowitz, quien está escribiendo un libro sobre la transformación republicana, señala asimismo que "a medida que el país se hace más diverso en los planos racial y étnico, hay una creciente división de trasfondo racial en los partidos" y destaca "la creciente influencia de grupos de estudio, donantes y medios de prensa de derecha y la creciente división cultural y religiosa del país".

Algunos demócratas dicen que en el actual debate en torno a los déficits y los gastos no se toma en cuenta el giro hacia la derecha que se da en el país desde hace tiempo en cuanto a políticas fiscales.

Obama afirma que tanto la reducción de gastos como un aumento en los ingresos son necesarios y ha tratado de restablecer parte de las tasas de impuestos a los ingresos que rigieron durante el gobierno de Bill Clinton, quien dejó la presidencia con un superávit.

Los republicanos, gracias a una ley que ayudaron a aprobar en el 2011, tuvieron que aceptar el mes pasado un aumento de impuestos a los más ricos. Pero ahora dicen que cualquier nueva reducción del déficit debe ser producto de recortes a los gastos.

Esa es una política que dejaría atónico a presidentes republicanos como Reagan y Richard Nixon, quienes apoyaron tanto recortes como aumentos a los impuestos según las circunstancias. Pero en los últimos 20 años la expresión "no new taxes" (no a los nuevos impuestos) ha pasado a ser palabra santa para los republicanos.

Los líderes republicanos y activistas del tea party dicen que los estadounidenses pagan demasiados impuestos. Esa es una afirmación discutible. En 1981 la tasa máxima era del 70%, mientras que hoy nadie paga más de un 39,6%.

Los ingresos por impuestos fueron superiores al 20% del producto bruto interno en el 2000. Con Obama, no subieron del 15,8%.

Cuando los ingresos bajan y los gastos suben, o se mantienen en un mismo nivel, se producen déficits. Grandes recortes impositivos en el 2001 y el 2003 contribuyeron a disparar el déficit, el cual hoy supera los 16.000 billones de dólares. Para reducir el déficit, los demócratas y algunos independientes le han pedido a los republicanos que acepten alguna combinación de recortes de gastos y aumento de impuestos a los más ricos.

Entre los republicanos hay quienes temen que su aversión por los aumentos de impuestos a pesar de que hay un déficit enorme puede mellar su prestigio entre el norteamericano común. Una encuesta del Centro de Investigaciones Pew encargado por USA Today indicó que tres de cada cuatro personas apoyan la propuesta de Obama de combinar recortes a los gastos con aumentos de impuestos.

"La verdad es que a los republicanos no les importan los déficits", aseguró Bartlett, quien se ha distanciado de muchos de sus antiguos amigos republicanos.

Los republicanos afirman que el déficit es una amenaza para el país y que el problema de Estados Unidos son los gastos, no los impuestos.

Hasta el mentado programa de salud de Obama se basa en nociones como la de una cobertura médica para todos, que fueron propuestas años atrás por Nixon y la Fundación Heritage, conservadora. Cuando el Congreso lo aprobó en el 2010, ni un solo republicano votó a favor.

"Si uno analiza las posiciones de los republicanos en cosas como los programas de salud y el cambio del clima, los republicanos se están apartando de sus viejos postulados", declaró David Di Martino, quien fue colaborador del senador demócrata Ben Nelson, de centro. "Cuando el presidente adopta una posición que supo ser de ellos, digamos, en recortes de impuestos, ellos se han corrido hacia la derecha. Para ellos, el presidente siempre está a la izquierda, cuando en realidad no lo está".