Benedicto XVI puso fin formalmente a su pontificado, el primer papa que renuncia al cargo en 600 años.

Con la renuncia oficial, termina un papado de ocho años, marcado por los esfuerzos realizados por la Iglesia para dejar atrás los escándalos por abusos sexuales imputados a varios clérigos y para revivir el catolicismo en un mundo que parece cada vez más indiferente a la religión.

Los guardias suizos que permanecían vigilantes en la residencia veraniega de Castel Gandolfo cerraron las puertas del palacio poco después de las 8:00 de la noche del jueves. Así, se cerró también de manera simbólica un pontificado cuyo final, con una renuncia y no con la muerte, será también parte de su legado.

En un mensaje de despedida a sus cardenales, Benedicto VI trató de disipar las preocupaciones sobre el futuro prácticamente inédito que espera a la Iglesia, con la coexistencia de un papa en funciones y otro en el retiro. El pontífice prometió su "reverencia y obedencia incondicionales" a su sucesor.