El expresidente yemení Ali Abdalá Saleh instó hoy a sus compatriotas a reconciliarse y olvidar los conflictos del pasado cuando se cumple un año desde que abandonara el poder a raíz de una revuelta popular.

En su primer discurso desde febrero del año pasado, cuando cedió el poder a su antiguo vicepresidente, Abdo Rabu Mansur Hadi, Saleh se dirigió en público ante decenas de miles de sus partidarios en la plaza Al Sabain, la principal de Saná.

"Hoy pido la reconciliación, la tolerancia y el perdón para construir el nuevo Yemen de la unidad, la libertad y la democracia", subrayó el exmandatario, que llamó a "olvidar el pasado con todas sus cosas negativas y positivas para mirar hacia el futuro, la estabilidad y el desarrollo del Yemen".

Saleh prometió apoyar a su sucesor Mansur Hadi, a quien consideró su "hermano y compañero", al tiempo que rechazó de forma tajante el separatismo y condenó los últimos actos de violencia que han estallado en las provincias del sur del país.

Al menos diez personas han muerto durante los enfrentamientos de la semana pasada entre separatistas y fuerzas de seguridad yemeníes en las ciudades del sur, en especial en Adén y Al Mokala.

Esos actos "no se corresponden con la conducta civilizada del pueblo ni con la democracia", aseguró el expresidente, quien había ejercido el poder desde la unificación entre el norte y el sur en 1990, aunque desde 1978 ya era el gobernante de Yemen del Norte.

En su alocución, Saleh acusó al dirigente separatista y expresidente del antiguo Yemen del Sur, Ali Salem el Beid, de financiar a los separatistas y recibir fondos de Irán para llevar a cabo su proyecto independentista.

"El Beid debería limitarse a aprovechar el dinero que amasó durante la guerra del verano de 1994", apostilló, en alusión al conflicto civil que enfrentó a los separatistas liderados por El Beid y las tropas de Saleh.

El Beid, que fue vicepresidente del Yemen unificado entre 1990 y 1994, encabeza el ala más intransigente del separatismo yemení y vive actualmente en el exilio en el Líbano, adonde se trasladó hace tres años desde el vecino sultanato de Omán, el que fuera su refugio tras perder la guerra e intentar sin éxito separar el sur del Yemen en 1994.

Por su parte, Saleh permanece en el Yemen y goza de inmunidad, de acuerdo al plan auspiciado por la ONU y propuesto por el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) -que incluye a Arabia Saudí, Emiratos Arabes Unidos, Omán, Catar, Kuwait y Baréin-, y pese a las críticas de ciertos sectores opositores, que quieren llevarlo ante la justicia por la muerte de manifestantes.

El actual presidente yemení fue elegido en febrero de 2012 para liderar el proceso de transición hacia la democracia, a partir del acuerdo de traspaso del poder, que también contempla un diálogo entre las fuerzas políticas para redactar una nueva Constitución y preparar elecciones presidenciales y legislativas previstas para febrero de 2014.