Miles de palestinos indignados participan hoy en el distrito de Hebrón en el entierro de Arafat Yaradat, cuya muerte en una prisión israelí el sábado ha desencadenado una ola de protestas por toda Cisjordania.

El ambiente de indignación e ira por las calles del pequeño poblado sacó hoy a las calles no sólo a la población de Sair, donde residía el fallecido, sino también a vecinos de poblados de alrededor que le conocían o que simplemente quieren expresar su indignación con Israel, constató Efe.

"Le han matado en cinco días, le han secuestrado para siempre. ¡Mi amor, mi amor... mi hermano!", decía entre sollozos Sabriye Fruj, sentada al lado del cadáver en un sofá, donde era arropada por su marido y otros miembros de la familia.

Yaradat, arrestado por tirar piedras, murió en la prisión israelí de Meguidó, en la baja Galilea, de lo que el Servicio de Prisiones calificó en un principio como infarto al corazón.

La autopsia, practicada en el Instituto Forense de Abu Kabir, en Tel Aviv, bajo la supervisión de un médico palestino, no ha hecho más que echar leña al fuego.

Según el médico Saber Al Aloul, director del Instituto Palestino de Medicina Forense y profesor de la Universidad Al Quds, el cadáver presentaba hematomas y dos fracturas en las costillas que indican que Yaradat fue torturado por Israel.

Por su parte, los dos médicos israelíes que dirigieron la intervención aseguran que los indicios no son concluyentes porque las magulladuras y roturas de las costillas pudieron haber sido causadas durante los intentos de reanimación.

Un comunicado del Ministerio de Salud de Israel pedía anoche esperar a los resultados de las pruebas toxicológicas y microscópicas para establecer las razones de la muerte.

"Esto no es sólo un crimen, es un gran asesinato", dijo una prima del difunto, que aseguró a Efe que "la prisión de Meguidó es conocida por sus torturas".

Según esta fuente, cuando los soldados lo detuvieron la semana pasada en su casa en una redada nocturna, dijeron a la familia: "Despedíos de él porque no vais a volver a verle".

Cientos de palestinos apostados en tejados y balcones seguían en Sair la procesión fúnebre, encabezada por un primer grupo de hombres y un segundo de mujeres y niñas que portaban una fotografía del difunto engalanada con flores.

El cadáver estuvo expuesto esta mañana en una sala próxima a la gasolinera en la que trabajaba Yaradat.

Cinco milicianos con el rostro cubierto por la tradicional kefía palestina efectuaban de tanto en tanto disparos al aire, en ráfagas de protesta que no conseguían mitigar los repetitivos gritos de "Ala Akbar" (Alá es grande").

Las tiendas del poblado estaban cerradas en señal de duelo y numerosas banderas palestinas y de las distintas facciones ondeaban por sus calles.