La conservadora Park Geun-hye, que hoy ha hecho historia al convertirse en la primera mujer presidenta de Corea del Sur, prometió tolerancia cero con el desarrollo nuclear norcoreano en un discurso de investidura centrado en la seguridad y la economía.

"Prometo no tolerar acción alguna que amenace la vida de nuestro pueblo y la seguridad de nuestra nación", sentenció Park en referencia a la reciente prueba nuclear de Corea del Norte, frente a las aproximadamente 70.000 personas -según datos del Gobierno- que retaron al frío para presenciar la toma de posesión.

En una larga ceremonia celebrada frente la Asamblea Nacional, Park Geun-hye, de 61 años, juró su cargo como jefa de Estado de Corea del Sur para el próximo lustro en el que pretende, aseguró, sustituir la tensión imperante en sus relaciones con el vecino comunista por el entendimiento y la negociación.

La nueva presidenta propuso abrir un proceso de "construcción de confianza" que permita sentar las bases de una futura Corea unificada tras más de seis décadas de división, para lo cual instó al Norte a "abandonar sin demora sus ambiciones nucleares".

La prueba nuclear norcoreana del pasado día 12, la tercera después de 2006 y 2009, hizo saltar las alarmas en Corea del Sur, que considera como una amenaza a su seguridad el cada vez más avanzado programa de armas atómicas del desafiante régimen de Kim Jong-un.

En el plano económico, esta ingeniera electrónica titulada que nunca llegó a ejercer la profesión prometió potenciar las sólidas industrias de la ciencia y la comunicación con el fin de lograr un segundo "milagro del río Han", como se conoce al vertiginoso desarrollo de Corea del Sur en las últimas décadas.

La receta de Park para combatir la crisis global también incluirá, indicó, la "democratización económica", consistente en ampliar las clases medias al reducir la creciente brecha de ingresos y defender a las pymes frente al oligopolio de los grandes conglomerados o "Chaebol" que dominan la economía del país.

Antes del esperado discurso de la presidenta, un silencio por los mártires patriotas del país precedió al estruendo de "Gangnam Style" que el cantante surcoreano Psy, nuevo ídolo nacional, interpretó en directo para la ocasión.

Protegida por los miles de policías del nutrido dispositivo de seguridad, Park Geun-hye se dirigió después al palacio presidencial o Casa Azul, hogar de su infancia que hace 34 años abandonó entre lágrimas tras el asesinato de su padre, el dictador Park Chung-hee, a manos de su propio jefe de inteligencia en 1979.

Bajo ese mismo techo su vida ya había quedado ligada de forma trágica e inseparable a la política en 1974, cuando un espía norcoreano asesinó a su madre y, con solo 22 años, asumió el cargo de primera dama de un régimen que sembró la semilla del desarrollo en Corea del Sur entre graves violaciones de los derechos humanos.

La emotividad del regreso de Park Geun-hye hoy a la Casa Azul fue tan intensa como su agenda política, que incluyó reuniones bilaterales con el ministro de Finanzas japonés, Taro Aso, la consejera de Estado de China, Liu Yandong, y la expresidenta chilena Michelle Bachelet.

La presidenta, que también ha asumido automáticamente el cargo de comandante en jefe del Ejército, sustituye al frente del país a Lee Myung-bak, su compañero del partido conservador Saenuri que llegó al final de su mandato desgastado por la ralentización del crecimiento económico y las sospechas de corrupción.

El desgaste de su antecesor llevó a Park a proponer un programa político más conciliador y centrista, que compensó carencias como la ausencia de espontaneidad en sus discursos y le otorgó finalmente una estrecha victoria en las urnas el pasado 19 de diciembre frente a su rival progresista. Atahualpa Amerise