Miguel Díaz-Canel tiene cinco años para preparse y mucho trabajo por hacer.

El hombre designado como el principal lugarteniente del presidente cubano Raúl Castro y como su posible sucesor debe eludir cualquier complicación desde el interior de la ciudadela sigilosa del poder en la isla gobernada por comunistas.

Debe ganar legitimidad entre los cubanos jóvenes, e incluso de mediana edad, que nunca han conocido un gobernante que no se apellide Castro. Y debe tratar con una diáspora de exiliados y con funcionarios estadounidenses que ya puntualizaron el lunes que no se dejarán llevar por un nuevo rostro más joven.

"Va a haber un déficit enorme de carisma", dijo Ann Louise Bardach, autora de "Without Fidel: A Death Foretold in Miami, Havana and Washington" (Sin Fidel: una muerte anunciada en Miami, La Habana y Washington). "Pasas de Fidel a Raúl, que al menos tenía algo del brillo del manto Castro, alguien que peleó en la revolución".

Aseguró que Cuba tiene problemas "enormes", como una cuantiosa deuda pública, dependencia de Venezuela, una población envejecida, una fuga de cerebros por décadas y una de las conexiones a internet más lentas del mundo.

Si Díaz-Canel es el hombre que arreglará todo, es un asunto muy abierto a debate. ¿Aceptarán los cubanos a otro gobernante que fue designado desde arriba y cuyo ascenso — si ocurre — no provendrá de elecciones democráticas multipartidistas?

Y ¿aquellos no tomados en cuenta para el puesto más alto estarán de acuerdo? Si Fidel y Raúl Castro siguen vivos para entonces, ¿podrá el ingeniero eléctrico y ex ministro de educación superior de 52 años definir su propio rumbo?

En las calles de La Habana, un día después que Raúl Castro aceptó un nuevo mandato y dijo que dejaría el cargo cuando éste termine, muchos expresaron dudas sobre el futuro.

"¿Cambio? ¿Hubo cambio?", se preguntó Ernesto Silva, un estudiante de 25 años quien se mofó de la idea de que el país debe esperar otros cinco años para un nuevo gobierno y afirmó que, en tanto, emigrará a Estados Unidos. "Me cuesta mucho trabajo pensar que va a poder hacer algo, decir algo, cambiar algo de verdad".

Otros se mostraron entusiasmados, pero todavía dudosos sobre cómo Díaz-Canel establecerá el control.

"Eso creo que es bueno. Es una figura nueva y joven. Pero está muy formado por estos viejos", consideró María Quesada, una oficinista de 45 años. "No podemos hablar de gobierno sin Castro porque todavía va a estar ahí, y la prueba pienso yo para Díaz-Canel va a ser precisamente cuando la visión que tenga de algo sea distinta de la de Raúl".

En Washington, el vocero del Departamento de Estado, Patrick Ventrell, dijo el lunes que Estados Unidos seguía "esperanzado al día en que los cubanos tengan democracia, cuando puedan tener la oportunidad de elegir libremente a sus propios gobernantes".

"Evidentemente todavía no llegamos a eso", aseveró.

Ventrell advirtió que Cuba necesita abrirse más si quiere relaciones recompuestas con Estados Unidos.

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Peter Orsi y Anne-Marie García en La Habana, Bradley Klapper en Washington y Christine Armario en Miami contribuyeron a este despacho.

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