Martha Silva lleva consigo un pequeño peso adicional las 24 horas al día: un monito bebé. Pero dice que no le molesta, después de todo ya crió a dos hijos.

"Para mí no hay ninguna diferencia, hay que cuidarlo igual, cuando uno le da el tetero (biberón) cuidar que no se vaya a ahogar, cuando estoy trabajando cuidar que no se salga de la bolsita en que lo tengo, si hace sol, sacarlo al sol", dice Silva con voz suave.

"En general lo cargo por ahí unos dos meses, o el tiempo que se requiera", explicó a la AP la mujer de 54 años y quien desde inicios de mes lleva cargando dentro de uno de los costados internos de su chaqueta una pequeña bolsa de lana que le sirve para cargar a un bebé mico huérfano y recién nacido.

Silva, casada y con dos hijos de 20 y 30 años, trabaja desde el año 2000 en el Centro de Recepción de Fauna Silvestre, una dependencia de la Secretaria de Ambiente de la Alcaldía de Bogotá. Ingresó al centro simplemente porque una amiga le dijo que buscaban personal para trabajar y a ella le entusiasmó la idea porque asegura que le gustan los animales.

Desde entonces trabaja en el centro en la zona de "neonatos" o que atiende a los bebés de distintas especies, desde aves hasta tortugas, entre otros, añadió.

A una de las oficinas del centro, en la que está ubicada en la zona de Salitre, al oeste de Bogotá, llegó el pasado 4 de febrero el bebé mico de la especie del mono nocturno o *Aotus*, llamado así porque duerme de día y sale a comer de noche, explicó en entrevista telefónica Judith Cárdenas, bióloga jefe del centro de recepción. Calculan que el mico tenía unos cinco días de nacidos al llegar al centro.

El bebé mico, un macho, fue entregado al centro por un hombre que dijo que se lo encontró abandonado en una carretera en la zona los Llanos Orientales, cerca al departamento de Meta, al sureste del país y que le dio pena dejarlo morir, aseguró Cárdenas.

Conocedora de las necesidades de esos primates, el cuidado del bebé, que llegó pesando unos 100 gramos, con 13 centímetros de altura y cabe en la palma de la mano, fue encargado a Silva, que ya ha hecho al menos otras dos veces el rol de madre sustituta para otros micos pequeños que han llegado al centro en años pasados.

El pequeño macho pasa el día en la bolsa de lana de cuadros marrones y negros que le fabricó Silva, quien dice que no le incomoda llevarlo, que su hija de 20 años la ayuda en las tareas de limpieza y cocinar en la casa, tanto como su esposo.

De noche, Silva lo saca un rato de la bolsa y el bebé apenas se mueve porque aún es muy pequeño para caminar, duermen juntos y de nuevo al día siguiente Silva va al centro en bicicleta llevando a "su hijo" en la bolsa. Lo debe alimentar cada tres horas con una jeringa en la que se le suministra lecha deslactosada y a la que se añaden algunas vitaminas como calcio, asegura la bióloga Cárdenas.

Explica que ese tipo de primates, cuya gestación demora de cinco a seis meses, pasan los primeros tres a cuatro meses de su vida aferrados o colgados a la espalda de su mamá, de ahí la necesidad de la madre sustituta.

Cuando crezca y sea un joven alcanzará los 800 ó 900 gramos de peso y los 34 centímetros, en una categoría de un primate mediano, dijo Cárdenas. Como sus pares en vida silvestre, comerá entonces hojas y pequeños insectos como lagartijas y ranitas. Sus característicos ojos grandes y saltones son para ver de noche, tiene una cola larga y su color es café y se distingue por tener unas cejas beige, añadió Cárdenas. Cuando sea adulto lucirá "como un oso de peluche mediano", añadió.

En condiciones normales, estos monos, que habitan zonas amazónicas de Colombia, Brasil y Ecuador, van con la madre no sólo para su alimentación de leche en los primeros meses de vida, y para recibir calor, sino que como los primates no hacen nidos y saltan de árbol en árbol, el bebé va con la madre y con el padre por un tema de desplazamiento, dijo a su vez la veterinaria e investigadora Claudia Brieva, coordinadora de la Unidad de Rescate y Rehabilitación de Animales Silvestres de la Universidad Nacional, en Bogotá.

El bebé mico no tiene nombre porque según Cárdenas se evita que tanto la madre sustituta como otros lo vean como una mascota.

El plan, aseguró Cárdenas, es dejar que crezca y luego colocarlo en una jaula grande en el centro y al lado de esa jaula colocar otro mico de su especie para que se vayan reconociendo. Si se aceptan se les coloca en la misma jaula y luego, en contactos con grupos animalistas y ambientales de la zona amazónica liberarlo junto a su nuevo grupo en la jungla lo que puede demorar varios meses.

"Este tipo de primates viven en grupos estrictamente familiares, padre, madre e hijos...se parecen a nosotros un poquito", dijo la veterinaria Brieva. Entonces no se le puede liberar en la selva solo, sino en compañía de otros, agregó. Un bebé puede ser aceptado por otra "familia" o crear la suya propia, destacó la investigadora, quien señaló que esa experiencia de usar madres sustitutas se utiliza en todas partes del mundo y en Colombia desde hace años y para facilitar el desarrollo de un bebé mico.

Lo sucedido al bebé recién llegado al centro es un misterio, su madre pudo ser asesinada o tuvo un accidente y perder al bebé, dijo la bióloga Cárdenas, recordando que en la zona amazónica estos micos son cazados en ocasiones para comer, venderlos para experimentos o se los captura porque "la gente piensa que pueden ser mascotas y tenerlos en un apartamento".

Para la madre sustituta Silva, el bebé mico dice que no representa ningún problema y a su familia tampoco le incomoda.

"Ellos son felices con él, ya están acostumbrados", asegura Silva. "Si hay que llevar a un animal a la casa no les molesta para nada".

Sus otros dos "hijos" micos ya fueron liberados en distintas partes del país y no ha vuelto a saber de ellos, recuerda Silva. "Ya fueron liberados. Es como el hijo, uno (se queda) tranquila porque sabe que van a estar en su hábitat natural".