Una gran retrospectiva sobre Roy Lichtenstein, maestro del arte Pop, desvela nuevos matices en la obra de este artista, que se inspiró en el cómic y la cultura de masas para explorar el concepto de la percepción.

Nacido en Nueva York en 1923, Lichtenstein rompió con el expresionismo abstracto de sus contemporáneos para desarrollar un estilo propio mundialmente reconocible, que incorpora al óleo las técnicas mecánicas y de imprenta que, en los años 50 y 60, contribuían a expandir la cultura popular.

En pleno apogeo de la publicidad y los medios de comunicación en Estados Unidos, decidió explorar cómo esa nueva forma de tratar las imágenes, reproducidas masivamente, afectaban "a nuestra percepción y consumo de las mismas", explica Iria Candela, comisaria de la exposición que acoge la Tate Modern de Londres.

"Lichtenstein: una retrospectiva", presentada hoy a la prensa, reúne más de 125 trabajos del prolífico pintor, incluidos los más famosos como "Whaam!" o "Drowning girl" (ambos de 1963), que le han convertido en uno de los artistas más influyentes de su época.

Lichtenstein tomaba viñetas de cómic, que reproducía con su pincel con técnicas de imprenta -líneas gruesas para los contornos y puntos para la tonalidad y las sombras-, para abundar "con ambigüedad e ironía" en su tema central: cómo influye en nuestro procesamiento de las imágenes la manera en que son representadas.

La obra con la que inauguró este camino, "Look Mickey" (1961), inspirada en un cómic de Mickey Mouse de sus hijos, es una de las piezas clave de la muestra londinense, la mayor dedicada al artista en dos décadas.

Destaca además la sala dedicada a la "Guerra y romance", donde se incluyen las escenas de guerra y de bonitas mujeres en actividades cotidianas por las que es tan conocido.

En estos óleos, Lichtenstein tomaba un punto clave del argumento de esas viñetas de forma que pudiera imaginarse el resto, a menudo cambiando el ángulo de la acción o la conversación entre los personajes.

Con trece salas, la exposición, que ya se mostró en Chicago en 2012 y viajará a París, recorre la trayectoria del artista desde sus inicios hasta su muerte en 1997, incluyendo obras realizadas ese año y que nunca antes se han visto en público.

Las salas de sus últimos días muestran desnudos femeninos, realizados también en el estilo del cómic -simplemente, sacaba a las heroínas "y las desnudaba", explica Iria-, y paisajes chinos, que le fascinaban.

Una sala de las más interesantes recoge cuadros de su juventud y de su madurez con un motivo común: su exploración de la pincelada, esencia del arte pictórico y que él, pese a emular la reproducción industrial de imágenes, nunca abandonó.

"Incluso en sus obras de puntos puede percibirse la pincelada del artista, que también aparece como tema de sus óleos, por ejemplo en 'Brushstroke' (Pincelada), donde dibuja de manera controlada el trazo espontáneo de una brocha", afirma la comisaria.

En este sentido, Lichtenstein fue uno de los primeros en convertir el propio arte en "objeto artístico", de una manera "muy consciente e intelectual", a fin de explorar "el papel del artista en un mundo mediatizado", agrega.

Pese a ser su arte más cerebral que emocional, el estadounidense también mantuvo un cálido diálogo con movimientos anteriores como el Impresionismo y el Futurismo y con artistas concretos, en particular Picasso, de quien dijo que era "el mejor artista del siglo XX".

Se incluye en la exposición "Femme d'Alger" (1963), versión de la obra del genio español, y la interesante "Rouen cathedral" (1969), serie inspirada en la de Claude Monet.

La retrospectiva de la Tate, que abre del 21 de febrero al 27 de mayo, muestra también esculturas de Lichtenstein, algunas inspiradas en el Art Decó, que dominó el Nueva York de su infancia, sus plácidos paisajes y tres de cuatro cuadros gigantes que hizo como parte de su serie "Artist's studio", uno de los cuales homenajea a Matisse.

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Judith Mora.