La muerte de Ivan Ilich", de Tolsoti, es para muchos, entre ellos Nabokov y Ghandi, la novela más perfecta de la historia. Ahora esta historia, contada en algo más de cien páginas sobre el sentido de la vida y un espejo en el que el mirarse hoy más que nunca, aparece con ilustraciones de Agustín Comotto.

Así, ésta que fue una de las últimas novelas escritas por Lev Tolstoi (Yasnia Poliana,1828-Astapov, 1910) cuando estaba en una crisis que le llevó hacia un cambio espiritual, vuelve, pero complementada por la mirada en color del ilustrador argentino Agustín Comotto, de la mano de Nórdica Libros y con traducción de Víctor Gallego.

La novela de Tolstoi narra la historia de Ivan Ilich, un funcionario de la administración zarista obsesionado por ascender en su carrera, como el resto de sus compañeros, para poder mantener un bienestar familiar y social del que siempre ha gozado, y que le permita seguir perteneciendo a la alta sociedad burguesa, material, prejuiciosa y falsa en la que se mueve.

Pero un pequeño incidente, aparentemente sin importancia, en la vida del funcionario, le acarrea la aparición de un dolor y un sentimiento que desemboca en una angustia constante que la hará cuestionarse absolutamente todo: su familia, su vida, el bien, el mal o el sentido de la vida.

Publicada en 1886, "La muerte de Ivan Ilich", reúne ahora unas ilustraciones en color que le dan, si cabe, un aire más liviano, sin perder la gran intensidad de este libro, cuyo desarrollo se brega más en el interior del propio ser humano, que en las vicisitudes externas. Todo un desafío para Comotto.

"El texto es muy intenso, alguien lo definió como la novela perfecta por la dificultad que reviste escribir tanto en tan poco recorrido de texto, y justamente eso, entre otras cosas, hace que 'La muerte de Ivan Ilich' sea muy difícil de ilustrar", explica a Efe Comotto (Buenos Aires, 1968) cuyos trabajos se pueden ver en México, Venezuela, Argentina o Estados Unidos.

Comotto asegura que es un texto en el que no pasa nada o absolutamente nada y que los ilustradores se nutren de las cosas que pasan, ya que ello dispara la imagen. Pensé -dice- que era muy fácil hacer el tópico trabajo dramático, plagado de rostros torturados del protagonista con muchos claroscuros, pero decidí tratar el texto de una forma mucho más simbólica que narrativa".

"Digo simbólico -aclara- porque he repetido elementos a lo largo del libro que me parecen significativos a la hora de definir que le pasaba por la cabeza al pobre Ivan Ilich. Así, tazas de café, ejes cartesianos y repeticiones varias surcan el plano machaconamente. Que cada lector saque sus propias conclusiones y piense por qué están esas cosas paseándose por ahí", subraya el creador.

Tolsoti, que estará también en la gran pantalla gracias a la adaptación cinematográfica de Anna Karenina, se planteó en este texto, sus propias preguntas en un momento en que su vida dio un giro espiritual: ¿quién soy? ¿Cómo debo vivir? ¿Qué debo hacer? poniendo en situación límite a su protagonista.

Ilich llega al convencimiento de que su matrimonio es una falsa, como todo lo que le rodea, como sus hijos, sus compañeros, como la institución. Y Tolstoi al final de su vida, como revelaron sus diarios, también se planteó su matrimonio. El escritor ruso sentía un deseo obsesivo por alcanzar la verdad y por vencer la lucha entre el bien y el mal.

Y para poder mostrarlo, este ilustrador, premio "A la orilla del viento", de la editorial FCE, ha creador en la novela una estética liviana, casi, casi pasando sin molestar el libro. "Simplemente al ponerme en el lugar de Ivan Ilich, pensé en esa absurdidad que pocas veces hacemos y que él al verse acorralado, tuvo que hacerlo: el sentido de la vida. Tolstoi te regala luz", concluye.

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Por Carmen Sigüenza