Las nominadas al Oscar "5 cámaras rotas" y "How to Survive a Plague" representan el arte del documental en su forma más pura y auténtica al capturar un destello, un momento en la historia, y hacernos sentir que también nosotros estamos ahí.

Ambas fueron filmadas por personas comunes que atestiguaron levantamientos sociales, realizadas por camarógrafos amateur que tuvieron la visión de grabarlo todo, mucho tiempo antes de que la práctica se volviera normal con la llegada del iPhone y YouTube, documentando momentos mundanos de su vida cotidiana, la violencia, las revueltas, la muerte y eventualmente una especie de victoria.

Son películas muy diferentes de directores muy distintos sobre temas muy diversos. "5 cámaras rotas" es una colaboración entre el granjero palestino Emad Burnat y el director israelí Guy Davidi con años de imágenes tomadas por Burnat en su pueblo Bil'in, una comunidad ocupada por israelíes que se ha convertido en un símbolo de la resistencia pacífica.

Burnat comenzó con una cámara y luego con otra, hasta llegar a cinco cámaras que fueron destruidas en medio de protestas o disparos. Una todavía tiene una bala incrustada en el lente. Pero el filme también incluye acontecimientos de la vida cotidiana de este esposo y padre de cuatro hijos; de hecho Burnat compró su primera cámara en 2005 por la misma razón que compran cámaras los padres de familia: para registrar los primeros pasos y sonrisas de su hijo menor, Gibreel.

"Plague" es una colección de imágenes de archivo de finales de la década de 1980 y principios de los 90, cuando integrantes de la organización de lucha contra el sida AIDS Coalition to Unleash Power (ACT UP), con sede en Nueva York, propugnaba por una cura de la enfermedad que rápidamente cobraba millones de vidas. El director David France, quien estuvo en muchas de esas acaloradas reuniones de planeación y protestas impresionantes, revisó miles de horas de videos de unas 25 fuentes diferentes para lograr su documental.

Burnat dijo que siempre quiso hacer una película pero que al principio pensó que sería algo privado para mostrárselo a familiares y amigos. Sintió que era su responsabilidad retratar la lucha por el territorio en Cisjordania a través de su perspectiva.

"Se han hecho muchas películas sobre Palestina y el tema, pero la historia era contada por gente que vive fuera. Ellos no tienen ese sentimiento, esa relación entre la persona y la tierra y cómo vivir, cómo sobrevivir en esta situación bajo la ocupación", dijo Burnat.

El documentalista presenció el arresto de sus hermanos y cómo el ejército israelí le disparaba a sus amigos, y a pesar de que sabía que era peligroso aventurarse a todo eso con su cámara, "esta es la situación, esta es nuestra vida diaria", dijo. "A la vez estaba pensando en mis hijos, en el futuro de mis hijos, en hacer esto por ellos. Mi meta es mostrárselo al mundo y distribuir la cinta y cambiar a la gente, cambiar la situación. Esto era importante para mí".

Burnat buscó a Davidi, quien le dio forma a la cinta y escribió la narración, pues sabía que era un activista israelí por la paz. Juntos querían crear un documental sensato sin un mensaje político.

Davidi pasó un año y medio editando material de entre las 900 horas de cintas que Burnat y otras personas habían filmado antes de convocar a la editora francesa Veronique Lagoarde-Segot para que hiciera los los ajustes finos a la narración. Agregó que el estilo íntimo y naturalista de "5 cámaras rotas" no es tan sencillo como parece.

"La gente aprecia mucho las películas que parecen haber sido muy pensadas. Se planificó, se ve espectacular con cámaras grandes, y en realidad en nuestra película tratamos de hacerlo sencillo", dijo. Eso incluyó arruinar algunas de las imágenes para que lucieran aún más crudas.

Las personas cuyos videos aparecen en "How to Survive a Plague" también querían compartir su historia con el mundo. France dijo que los camarógrafos tenían diversas motivaciones para presentar lo que los medios tradicionales omitieron al documentar momentos como policías siendo excesivamente represivos en manifestaciones o momentos de quietud con seres queridos antes de sus muertes. Como resultado, France tenía la ventaja de poder apreciar una misma escena desde distintos ángulos.

"Fue realmente atestiguar", dijo France, quien pasó dos años editando la cinta. "También ves en esas escenas lo cómoda que estaba la gente en cámara porque las cámaras siempre estuvieron presentes, y eso fue posible sólo por la revolución de los videos caseros ... Por primera vez era asequible para la gente común (tener una cámara para) grabar de ese modo", agregó sobre el momento que vivieron a finales de los 80.

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Christy Lemire está en Twitter como http://twitter.com/christylemire