El mítico "Peace Boat" o "Barco de la Paz", que viaja por todas las costas del mundo para transmitir un mensaje de paz y de cuidado al medio ambiente, recaló hoy en Valparaíso con la misión de crear conciencia sobre la importancia del uso de energías alternativas para el cono sur.

"El objetivo es crear conciencia y hacer un llamado de atención sobre el impacto ambiental que representa la construcción de represas hidroeléctricas (especialmente) en la patagonia chilena", señaló Emilie Mcglone, coordinadora internacional de la nave.

El buque, proveniente del puerto japonés de Yokohama, zarpó con más de 900 pasajeros a bordo, la mayoría de esa nacionalidad.

Según la bitácora del "Barco de la Paz", en su trayecto la embarcación hará escala en varios países del hemisferio sur, antes de regresar a su ciudad de origen el próximo 25 de marzo.

Según planteó Mcglone, la idea no solo es promover la paz en esta zona sino también "la protección del medio ambiente y la energía sustentable en el mundo".

"Pensamos que la paz no solo significa no a la guerra, sino también la igualdad entre las personas, el respeto al medio ambiente y nosotros en cada puerto que visitamos tenemos varios procesos de educación e intercambio cultural', enfatizó.

En tanto, Florencia Delle Done, tripulante argentina de la gigantesca nave, sostuvo que la travesía ha sido "un intercambio permanente por lo diferente de las culturas; ellos aprenden de nosotros y nosotros de ellos".

La recalada en el puerto de Valparaíso, a 120 kilómetros al noroeste de Santiago, es de sólo 24 horas y entre las actividades en tierra destaca la reunión con una comunidad regional de la etnia mapuche para saber mayormente de la situación por la que atraviesa este pueblo en el sur del país.

Los mapuches, unos 600.000 en un país de 16,6 millones de personas, son la principal etnia indígena de Chile y la base del conflicto que se vive en La Araucanía (sur), que enfrenta a algunas comunidades con el Estado, es la reivindicación de las tierras de sus ancestros.

En esa zona, la región más pobre del país, los indígenas ocupan unas 600.000 hectáreas, un 5 por ciento de las tierras heredadas de sus familiares y una sexta parte de lo que poseen las compañías forestales con la que algunos grupos radicales mapuches se han enfrentado en los últimos años.