Organizaciones defensoras de los derechos humanos denunciaron hoy que 1.455 personas fueron condenadas a muerte en la última década en la India, donde las autoridades han retomado las ejecuciones tras ocho años de parón.

En un comunicado, el Centro Asiático para los Derechos Humanos (ACHR), que se hace eco de datos oficiales, explicó que 132 personas recibieron al año este castigo por parte de tribunales indios entre 2001 y 2011; lo que significa una sentencia a muerte cada tres días.

"La doctrina de 'rarest of the rare' (el más extraordinario entre los extraordinarios) para aplicar la pena de muerte se ha convertido en rutina. La pena capital ya no es la excepción sino la regla", afirmó Suhas Chakma, director de ACHR.

Según esta organización, otros miles de convictos están en el corredor de la muerte, pues en el mencionado periodo 4.321 reos vieron conmutada su pena capital por cadena perpetua.

Tras ocho años de moratoria no oficial, las autoridades indias han ejecutado a dos reos islamistas en apenas tres meses; el último de ellos un cachemir vinculado con un atentado al Parlamento indio de 2001, que fue ahorcado este sábado.

El cambio de tendencia se ha producido tras la llegada el pasado verano a la presidencia de Pranab Mukherjee, quien ayer mismo rechazó conceder clemencia a cuatro acusados de haber atentado décadas atrás en una mina y causado la muerte a 22 personas.

"Este Gobierno ha ejecutado más gente desde noviembre de 2012 que en los diez años previos. Seguir con esta tendencia regresiva sería vergonzoso", criticó hoy en otro comunicado el director de Amnistía Internacional en la India, G. Ananthapadmanabhan.