Italia, Grecia y Albania firmaron hoy en Atenas un acuerdo para optar a la construcción del gasoducto Transadriático (TAP), que comunicará los tres países y enlazará con otras tuberías destinadas a llevar gas natural del yacimiento Shah Deniz II (Azerbaiyán) en el mar Caspio a los mercados europeos.

Con todo, la materialización de este proyecto dependerá de si las autoridades azerbaiyanas y las empresas que trabajan en la extracción del gas de la cuenca del Caspio optan por éste u otros proyectos de transporte de energía, decisión prevista para junio.

El acuerdo intergubernamental fue firmado por el ministro de Exteriores heleno, Dimitris Avramópulos; el viceprimer ministro albanés, Edmond Haxhinasto, y el titular italiano de Desarrollo Económico, Corrado Passera, y en la ceremonia también estuvieron presentes el jefe del Gobierno griego, Andonis Samarás, y el secretario de Estado adjunto de EEUU, Eric Rubin.

Samarás definió la firma como un "paso significativo" para el desarrollo de un proyecto "de gran importancia geopolítica para toda Europa".

El plan ha sido propuesto y desarrollado por un consorcio internacional compuesto por la empresa energética suiza EGL (42,5 %), la noruega Statoil (42,5 %) y la alemana E-ON Ruhrgas (15 %).

Si se lleva a cabo, su construcción supondrá una inversión de 1.500 millones de euros y la creación de unos 2.000 puestos de trabajo, afirmó Samarás.

El gasoducto, que en su inicio transportaría 10.000 millones de metros cúbicos de gas al año, tiene una extensión planeada de 520 kilómetros desde el sur de Italia a la frontera greco-turca, pasando bajo el mar Adriático y a través de territorio albanés y griego.

La tubería enlazaría con el gasoducto Trasanatolio (TANAP), anunciado por los Gobiernos turco y azerbaiyano el pasado otoño y que atravesaría Turquía de oeste a este, donde podría enlazar con el gasoducto del Cáucaso Sur o BTE, en funcionamiento desde 2006, y que comunica Azerbaiyán con Turquía a través de Georgia.

El proyecto TAP se enmarca dentro de la fiera competencia entre Estados y empresas a raíz de la proclamación la pasada década de la estrategia europea del Corredor Energético Sur, para tratar de reducir la dependencia de los países de la Unión Europea del gas ruso.

El objetivo es evitar situaciones como las vividas a raíz de los cortes de suministro experimentados en 2009 como consecuencia de los conflictos entre Rusia y Ucrania, importando energía desde Asia Central, el Cáucaso y Oriente Medio a través de Turquía.

La opción principal durante años fue el gasoducto Nabucco, entre el este de Turquía y Austria, pasando por Bulgaria, Rumanía y Hungría.

Sin embargo, las dificultades técnicas del proyecto y la competencia de otros planes presentados por Moscú, como el corredor Nord Stream, activo desde 2011 entre Rusia y Alemania por el mar Báltico, o el South Stream, en construcción desde diciembre por un consorcio ruso-italiano y que llevará gas ruso a través del mar Negro hasta Bulgaria con ramales hacia Italia y Austria, lo han hecho inviable.

De hecho, la pasada primavera, el consorcio Nabucco (formado por la austríaca OMV, la húngara MOL, la rumana Transgaz, la búlgara Bulgargaz, la turca BOTAS y la alemana RWE) presentaron el proyecto West Nabucco, con un trazado más corto y más barato, que ha pasado el proceso de preselección para transportar el gas azerbaiyano.

El gasoducto TAP, que entra en competencia con el West Nabucco, también ha sido preseleccionado, mientras que otros proyectos como el Interconector Turquía-Grecia-Italia (ITGI) o el Gasoducto del Sudeste de Europa (SEEP) han quedado descartados.

La decisión final sobre cómo se transportará el gas desde el mar Caspio hasta la Unión Europea y qué gasoductos serán utilizados será tomada en junio por el consorcio de explotación del yacimiento submarino Shah Deniz II, en el que participan como accionistas la británica BP, la noruega Statoil, la azerbaiyana SOCAR, la francesa Total y otras empresas turcas, italianas e iraníes.