Cubiertas con poco más que unas cuantas lentejuelas y plumas, las bailarinas de las escuelas de samba de Río de Janeiro representan la atracción estelar de uno de los carnavales más famosos del mundo.

Pero no forman parte de una nómina en las escuelas a las que representan, y muchas deben ganarse el dinero con tareas que parecen muy alejadas del glamour que las caracteriza durante el carnaval, en trabajos de mucamas o secretarias.

Diana Prado pasa las horas del día como supervisora de un centro de atención telefónica. Por la noche es bailarina de samba o "passista" para el grupo de Sao Clemente.

"Me levanto, corro a las clases de baile, vengo al trabajo, voy al ensayo y me voy a la cama a dormir", dijo Prado, con audífonos, sentada entre los cubículos de sus oficinas en el centro de Río.

De cara al carnaval, todo es más caótico, añade.

"No he dormido casi nada desde septiembre hasta ahora".

Prado, de 26 años, debutó en el carnaval hace siete, luego de audicionar en busca de un lugar con Sao Clemente, una de las 13 principales escuelas que compiten por los títulos anuales en el Sambódromo este fin de semana.

Aunque su cronograma agotador de preparativos para el carnaval suele requerir que se aplique su extravagante maquillaje en los baños de la oficina, Prado no considera que ser una "passista" socave su autoridad ante las 15 telefonistas a quienes supervisa.

Sus subordinadas coinciden.

"Vemos lo determinada que es ella, cómo trabaja para que todo se haga, y eso es admirable", dijo la empleada Ana Lucia Oliveira. "Soy de Río y crecí con el carnaval. Amo el carnaval, así que me parece asombroso estar tan cerca de alguien que vive el carnaval cada día".