Aterrizar en el aeropuerto de la capital ecuatoriana es una experiencia como para comerse las uñas. Con su altura, pista de aterrizaje corta y la vecindad de los picos andinos, el Mariscal Sucre es uno de los más difíciles para los pilotos. Y el rugido constante de los aviones lo convierte en un tormento para quienes viven en las cercanías.

Pero eso está a punto de cambiar: el viejo, incómodo, molesto y peligroso vecino después de casi 53 años se aleja del norte quiteño y deja en paz a miles de habitantes, aunque algunos de ellos quizá lo extrañen.

Cuando fue inaugurada en agosto de 1960, esta terminal aérea estaba ubicada en un valle del extremo norte quiteño, a 2.850 metros de altura sobre el nivel del mar, y con baja densidad poblacional en esa época.

Con el pasar de los años, la ciudad en medio de un largo valle interandino por necesidad tuvo que avanzar hacia donde estaba el aeropuerto, y las urbanizaciones y ciudadelas lo rodearon, ocupando cada centímetro disponible para viviendas de clase media, que se instalaron junto a lo que se había vuelto un vecino ruidoso y peligroso.

Ahora el aeropuerto tiene los días contados.

El alcalde de Quito, Augusto Barrera, anunció que "el 19 de febrero a las 19 horas se recibirá el último vuelo en el aeropuerto".

Desde el día siguiente, las nuevas instalaciones aeroportuarias comenzarán a funcionar en la zona rural de Tababela, 20 kilómetros al noreste capitalino, en donde está una pista de 4.100 metros e instalaciones más grandes, modernas y cómodas que permitirán recibir a 5 millones de viajeros al año.

"Nos da mucho gusto que se vaya, el estruendo de los aviones a veces nos despertaban a la madrugada, los vidrios de la casa temblaban y parecían que se iban a romper. Muchas veces pensé que un avión se podía caer sobre mi casa y matar a toda mi familia. Al fin se va", dijo a la AP María Dávila, de 40 años, quien vive desde niña a dos cuadras de la pista del aeropuerto.

Se queda en silencio unos momentos, parece reflexionar y añade: "El aeropuerto ha sido un mal vecino, un vecino muy peligroso, pero creo que lo vamos a extrañar, porque el nuevo aeropuerto está muy lejos".

Un piloto de la aerolínea LAN, que no quiso ser identificado porque no contaba con permiso de sus superiores para dar declaraciones, dijo a la AP que el aeropuerto de Quito "está entre los que llamamos complicados en el mundo, porque es una aeropuerto de altura, está en medio de montañas y porque el ángulo de aproximación es más pronunciado que lo normal".

Explicó que en los 2.850 metros de altura en que se encuentra la capital ecuatoriana, "disminuye el desempeño de los aviones, igual que el de los automóviles, porque hay menor cantidad de oxígeno".

Añadió que en cuanto a los barrios que rodean al aeropuerto quiteño, "el caso es extremo, porque hay unos pocos metros entre la pista y las casas, pero no importa dónde construyan cualquier aeropuerto en el mundo, con el tiempo sus alrededores se van poblando, pero no al extremo, como en Quito".

Este campo de aviación, que pronto será cerrado, tiene casi 1.100 metros menos que el nuevo terminal aéreo, que llevará el mismo nombre, Mariscal Sucre.

Otro aeropuerto que tiene un pista corta es el de Congonhas, en Sao Paulo, Brasil, donde 199 personas murieron en 2007, cuando un A320 de la aerolínea TAM que aterrizaba se salió de la pista y se estrelló contra un almacén.

Una pista, también corta, y que pone a prueba los pilotos, es la del aeropuerto internacional de Tegucigalpa, Honduras, que notoriamente está cerca de las montañas.

Aunque ruidoso y peligroso, tener un aeropuerto en medio de la capital ecuatoriana ofrecía una gran ventaja a los viajeros: salir prácticamente sobre la hora y llegar sin inconvenientes. Se estima que llegar al nuevo aeropuerto demandará al menos una hora y media debido al tráfico más que a la distancia.

El estadounidense Jeff Mauney, de 49 años, dijo a la AP que "es conveniente que el aeropuerto esté tan cerca, cuando llegan familiares es muy fácil recogerlos. Eso me gusta. Aunque es muy ruidoso. El nuevo aeropuerto está muy lejos y tendremos que invertir más tiempo para ir hasta allá".

Consultado si tuvo temor de aterrizar en medio de la ciudad, respondió que "no pienso en catástrofes ni nada de eso".

En más de cinco décadas de funcionamiento se han registrado al menos una decena de accidentes graves y otros incidentes más aparatosos que serios.

Uno de los accidentes más dramáticos se registró en septiembre de 1984, cuando un avión DC-8 de la empresa Aeca intentaba despegar, pero chocó con las ayudas aeronáuticas y cayó sobre las casas vecinas. El incidente dejó 49 muertos.

El más grave, se produjo en agosto de 1998, cuando un avión Tupolev-154 de Cubana tampoco pudo despegar y chocó al final de la pista con el cerramiento del aeropuerto, lo que dejó 76 personas muertas.

Más allá de estos hechos, decenas de percances menores han ocurrido en el aeropuerto capitalino, con el daño o destrucción de aviones de todo tamaño.

Fernando Araujo, un universitario de 22 años, juega en una cancha de fútbol que limita con la cabecera norte de la terminal aérea, mientras los aviones se elevan a pocos metros de su cabeza en medio de un estruendo espantoso.

"No tengo el más mínimo miedo, ya estamos acostumbrados al aterrizaje y despegue de los aviones. No les hacemos ni caso. Solo Dios sabe cuándo nos lleva, por eso estamos tranquilos", añadió el joven.

Esta terminal fue utilizada en el 2012 por un promedio diario de 451.297 pasajeros, también se registra un promedio de 220 vuelos diarios, entre pasajeros y carga, y son transportadas 15.406 toneladas métricas de carga diarias.

El espacio dejado por el viejo aeropuerto será destinado a un gran parque, a la construcción de un colegio e instalaciones municipales, mientras que los alrededores, ahora ocupados por casas o eventualmente por pequeñas construcciones de hasta cuatro pisos, recibirá de inmediato permisos de construcción de hasta cuarenta pisos.

Francisco Cahuines, que tiene un negocio al final de la cabecera norte del aeropuerto, dijo a la AP que "una cosa buena es que se vaya (el aeropuerto), el ruido y los accidentes nos han tenido nerviosos por muchos años, ni me imagino cuando ya no tengamos el ruido y el miedo".

"Eso va a ser lindo", añadió.

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Gonzalo Solano está en Twitter como https://twitter.com/GESolano