Susana Martínez cosió pacientemente los adornos con lentejuelas que lucirán sus hijos cuando bailen al ritmo de los bombos en la murga "Los amantes de La Boca" durante el carnaval de Buenos Aires. Para ella, como para otros vecinos de la ciudad, esta fiesta popular es "todo corazón y pura pasión".

El carnaval porteño no tendrá la fama del brasileño o del uruguayo, pero sí garra, color y mucho sabor popular, por el entusiasmo y la dedicación de sus participantes. "Los amantes de La Boca" desfilaron con más de un centenar de agrupaciones carnavalescas por las calles de esta ciudad en la noche del sábado y más adelante lo harán otras veces a lo largo del mes de febrero.

"Yo soy de River Plate, el equipo rival de Boca Juniors, pero qué remedio, hago esto por mis hijos que son boquenses", dijo días atrás una sonriente Martínez a The Associated Press mientras confeccionaba decenas de galeras y adornos azules y amarillos. Esos son los colores que identifican al pintoresco barrio de La Boca y al popular club de fútbol que lleva el mismo nombre.

En las últimas semanas, esta mujer se reunió periódicamente con otras vecinas para diseñar estrellas, soles y otras figuras que cubrió de lentejuelas y cosió a los chalecos, levitas y pantalones de los bailarines que todos los años desfilan bajo el frenético ritmo de los bombos con platillos, redoblantes y zurdos, los instrumentos que caracterizan al festival de Buenos Aires.

"Los amantes de la Boca" tiene unos 400 miembros y es una de las murgas más grandes. Otras muy conocidas son "La Gloriosa de Boedo", los "Reyes del Movimiento de Saavedra", los "Alucinados de Parque Patricios", los "Duendes de Caballito" y los "Verdes de Montserrat". Los corsos (desfiles de murgas) contarán con la actuación de 112 de estas agrupaciones que desplegarán su brillo cada fin de semana de febrero y los días 10 y 11 del mes, que este año son feriados.

Cada murga recoge las características del barrio donde nació. "Los amantes de la Boca" tiene el espíritu de "un barrio humilde" y "contiene" a los chicos del lugar, que esperan ansiosos el carnaval y que lo ven como sus verdaderas vacaciones, dicen sus integrantes.

La última dictadura militar (1976-1983) prohibió el festejo carnavalesco, que incluía dos días feriados. Tras el regreso de la democracia, que restituyó el carnaval, los "murgueros" pedían todos los años la reinstauración de los dos días de fiesta, hasta que la presidenta Cristina Fernández así lo dispuso en diciembre de 2010.

Para los murgueros, eso fue todo un logro, ya que ahora se une más gente a los festejos.

Los rasgos característicos del carnaval de la capital argentina son la humildad, el compañerismo y el espíritu voluntarioso de sus participantes, dicen quienes lo viven año tras año. Aquí no hay "sponsors" o tanta ayuda económica como en otros carnavales y las cosas se hacen "a pulmón", afirman los vecinos.

"Si los que se quieren sumar en el último momento no saben bailar o tocar instrumentos, ayudan revoleando banderas o portando un estandarte", dijo a la AP Gonzalo Estévez, percusionista de la murga "La Gloriosa de Boedo". Esta agrupación del barrio de Boedo, con el rojo, el blanco y el azul como colores distintivos, comienza a ensayar para el carnaval desde mitad de año.

Antes de empezar a tocar el bombo, Estévez llevaba una bandera y el carrito con agua para los bailarines que se tomaban un respiro.

Paz, la hija de dos años de este percusionista, encabezará con otras "mascotas" los distintos desfiles de este año detrás del estandarte de "La Gloriosa de Boedo". A continuación se situarán las chicas "murgueras", luego los varones que tocan los bombos y después los chicos bailarines. En el fondo otras personas pueden unirse de forma separada al baile.

La diferencia de esta fiesta carnavalesca con las de otros países es, en parte, musical: en Buenos Aires el instrumento principal es el bombo con platillos. Uno de ellos es sujetado con una mano y el otro va atornillado al instrumento. En Uruguay se usan sobre todo los instrumentos de percusión de madera con parches de cuero y los platillos de mano.

Los ritmos son distintos: en Argentina se baila la murga, en Uruguay el candombe y en Brasil la batucada.

En la fiesta de Buenos Aires se cantan tres canciones: una de presentación, en la que la murga explica de qué barrio procede y el espectáculo que va a brindar; una segunda de tono crítico sobre la realidad política y social y, finalmente, una tercera de despedida.