En la última semana de su carrera, pudimos ver las múltiples caras de Ray Lewis.

Ahí estaba el Reverendo Ray — recitando versículos de la Biblia y recordando cuando cantaba en el coro de la iglesia de niño, hablando apasionadamente sobre su relación con Dios, la voz como de predicador mientras advertía que "el truco del diablo es matar, robar y destruir. A eso viene. A distraerte de todo lo que estás tratando de hacer".

Vimos también al Venerado Ray — uno de los linebackers más fieros en la historia de la NFL, elogiado por compañeros y oponentes por su emoción en el terreno, su liderato en los vestidores, por ser un ejemplo de cómo se juega el deporte.

"Probablemente voy a sentirme más orgulloso del impacto que he tenido en las vidas de tantos hombres", dijo Lewis. "El juego va a desvanecerse un día, los números van a caer, los elogios van a desaparecer, pero no hay nada mejor que cambiarle la vida a una persona".

Algunos incluso conjeturan si existía el Ray con esteroides — uno que tomó un extraño producto animal que contenía una sustancia prohibida. (Lewis rápidamente rechazó las acusaciones como algo risible, y debe decirse que nunca ha dado positivo en un análisis de uso de drogas).

Y, por supuesto, tenemos al Rugiente Ray.

Ese saldrá a la palestra por última vez el domingo, cuando la carrera de Lewis termina en el mayor de los escenarios.

El Super Bowl.

El linebacker de los Ravens de Baltimore tiene la oportunidad de retirarse campeón en el partido contra los 49ers de San Francisco. Unos pocos de los grandes han conseguido eso — John Elway, Jerome Bettis y Michael Strahan, entre ellos — pero eso sucede raramente.

"Estoy celoso", dijo el legendario Marshall Faulk. "Pregúntale a cualquier jugador: '¿Cómo quieres terminar tu carrera?', Tú juegas en el Super Bowl y tienes la oportunidad de irte con un final de fantasía".

Pero no todo ha salido como estaba planeado.

El reporte de que Lewis, de 37 años, había comprado un extracto de cuerno de venado de una obscura compañía en Alabama para recuperarse más pronto de una lesión en el trícpes — supuestamente contiene una substancia natural que está prohibida — revivió dudas sobre su carácter. Algunas de esas dudas han persistido desde que fue acusado de encubrir un doble homicidio en Atlanta la noche después del Super Bowl del 2000.

De cierta manera, esta semana del Super Bowl reveló que existen tantos Rays que es imposible presentarle en una forma nítida y simple.

Incluso Lewis admite que la persona que él profesa ser la mayoría del tiempo — profundamente religioso, un mentor atento, un líder humilde — no es la que uno ve cuando él se pone el casco y las hombreras. El que sale danzando del túnel antes de los partidos en casa, moviéndose como si le estuviese pidiendo al mundo: "¡Mírenme!". Esa persona que juega con furia y arrogancia, lleno de intenciones de doblegar a otros.

"En el terreno me convierto en otra persona", dijo Lewis. "Soy una persona totalmente diferente fuera del terreno. Pero en el terreno, hago todo lo necesario por mis compañeros. Hay tantos de mis compañeros aquí a quienes he honrado y a quienes dije que voy a hacer todo lo posible para que podamos sentir el confetti celebratorio llover, porque ése es el objetivo. Como líder del equipo, se los debo".

Nadie puede cuestionar las contribuciones de Lewis al deporte como jugador — dos veces jugador defensivo del año en la NFL, siete veces All-Pro, 13 veces participante en el Pro Bowl, un linebacker que definió la esencia de su posición con su furia apenas contenida.

No importa cómo sale por última vez del terreno el domingo, Lewis está satisfecho con su legado.

"Tengo la oportunidad de irme en mis propios términos", dijo. "Eso es lo mejor".