Estados Unidos está batallando para hacer frente a un aumento en las amenazas del nuevo foco de la guerra santa musulmana, el norte de Africa, con labor de espionaje limitada y pocos asociados.

El gobierno del presidente Barack Obama está ponderando cómo impedir que extremistas islámicos en el norte de Africa pongan en riesgo la seguridad nacional.

La propagación de milicianos a través de Libia, Argelia y Mali — muchos de ellos vinculados a al-Qaida — es parte de una consecuencia natural de la expulsión de redes de terrorismo de lugares como Pakistán, Afganistán y Yemen.

También es reflejo de un aumento en movimientos extremistas locales que han estado envalentonándose desde el ataque en septiembre a una sede diplomática de Estados Unidos en Bengasi, Libia, que mató a cuatro estadounidenses, incluido el embajador.

Funcionarios estadounidenses de contraterrorismo están de acuerdo en que los intereses de Estados Unidos y de Occidente en el norte de Africa están en riesgo.