No había alarmas, extintores ni aspersores y casi ninguna forma de escapar del club nocturno que se convirtió en una trampa mortífera para más de 200 estudiantes universitarios brasileños.

Mientras los investigadores comenzaban a hurgar entre los escombros y las familias lloraban a sus muertos, abundan las preguntas en esta ciudad del sur de Brasil para tratar de entender, en primer lugar, cómo comenzó el fuego la madrugada del domingo, y en segundo, cómo fue que se extendió rápidamente fuera de control, desatando un incendio en el que murieron 231 personas.

¿Por qué había sólo una puerta de salida y entrada? ¿Cuál era el material inflamable en el techo que permitió que el siniestro se propagara tan rápidamente? ¿Por qué se permitió que una banda usara pirotecnia en el interior del club?

La Policía parece inclinarse a concluir que la pirotecnia fue la causa del incendio durante una fiesta en el club Kiss, organizada por varios departamentos académicos de la Universidad Federal de Santa María.

El inspector policial Antonio Firmino, quien forma parte del equipo que investiga el incendio, dijo que al parecer el techo del club estaba cubierto con una espuma aislante a base de un material combustible que se incendió con la pirotecnia.

Firmino dijo se investiga el número y el estado de las salidas del club, pero que al parecer había una segunda puerta que era "inadecuada", pues no sólo era pequeña, sino que estaba protegida con barrotes y no se podía abrir.

El desastre, el peor incendio de su tipo en más de una década, también plantea dudas sobre si Brasil está en condiciones de brindar suficiente seguridad en instalaciones similares durante el Mundial de fútbol del próximo año y los Juegos Olímpicos de 2016.

Según algunos críticos, muchos bares y clubes brasileños presentan las mismas condiciones para otro incendio mortal. Dicen que, además de la necesidad de modernizar los a veces obsoletos códigos de seguridad y de garantizar que haya suficientes inspectores, la gente debe cambiar de manera de pensar y respetar las regulaciones de seguridad.

Centenares de personas marcharon pacíficamente frente al club nocturno la noche del lunes para recordar a las víctimas y exigir justicia. Algunos portaban carteles con lemas como: "Que se cumpla la justicia de Dios".

"Esperamos que el sistema de justicia, a través de los responsables en la materia, logre aclarar ante la opinión pública lo que sucedió y que le ofrezca a la gente una explicación", dijo Eglon do Canto, uno de los manifestantes.

La Policía brasileña informó que hay tres detenidos en relación con el incendio, mientras que el diario O Globo dijo en su cibersitio que una cuarta persona se entregó a las autoridades. El inspector policial Ranolfo Vieira Junior dijo que las detenciones son parte de la investigación y que los sospechosos podrían permanecer privados de su libertad hasta cinco días.

Vieira se negó a identificar a los detenidos, pero los medios locales dijeron que eran dos copropietarios del club y dos miembros de la banda musical que usó una máquina generadora de chispas dentro de las instalaciones cuando estalló el fuego.

Según los códigos de seguridad estatales, los clubes deben tener un extintor cada 140 metros cuadrados (1.500 pies cuadrados), así como varias salidas de emergencia. También hay límites que deben respetarse estrictamente en el número de personas admitidas. Nada de eso parece haber ocurrido en el club nocturno de Santa María.

"Un problema en Brasil es que no hay control de cuántas personas son admitidas en una construcción", dijo Joao Daniel Nunes, un ingeniero civil del cercano Porto Alegre. "Nunca se comunican (las reglas) con claridad y nadie controla cuántas personas deben entrar en los clubes nocturnos", agregó.

Rodrigo Martins, guitarrista del grupo Gurizada Fandangueira, dijo en una entrevista el lunes a la red Globo TV que las llamas estallaron minutos después de que se utilizó un equipo pirotécnico que lanza chispas de colores, alrededor de las 2:30 am.

"Sentí que algo se caía del techo, miré hacia arriba y vi que el fuego se extendía, y grité: '¡Mira, se está incendiando, se está incendiando!''', dijo Martins. "Entonces el baterista intentó lanzarle agua, pero parecía como si el fuego se extendiera más. Entonces los guardias de seguridad llegaron con un extintor y trataron de usarlo, pero no funcionó".

Afirmó que el club estaba atestado con entre 1.200 y 1.300 personas.

"Pensé que iba a morir ahí. No había nada que hacer, el incendio se propagaba y la gente de adelante gritaba", agregó.

De pie junto al escenario cuando comenzó el incendio estaba Rodrigo Rizzi, un estudiante de Enfermería de primer año, quien vio horrorizado toda la tragedia sin poder hacer nada.

"Yo estaba justo ahí, así que aunque estaba lejos de la puerta, por lo menos me di cuenta de que algo andaba mal", dijo Rizzi. "Otros, que no podían ver el escenario, no tuvieron oportunidad. Nunca se enteraron de lo que pasaba".

Mientras se dirigía hacia la puerta, el aire se volvió denso y oscuro por el humo, no había luz ni nada que apuntara a la única salida. Rizzi tuvo que abrirse paso en medio de una multitud presa del pánico que buscaba la puerta a ciegas.

"Yo estaba a medio camino, podía ver la puerta, pero el aire se puso negro con este humo denso", dijo. "No podía respirar. La gente comenzó a entrar en pánico y a correr hacia la puerta. Caían, gritaban y se jalaban unos a otros".

Los testigos dijeron que los guardias de seguridad que no se enteraron de inmediato del fuego evitaron inicialmente que la gente saliera sin pagar. Los bares brasileños acostumbran que los clientes paguen sus cuentas antes de permitirles salir.

Dentro del club, las barreras metálicas utilizadas para organizar las filas de personas que ingresan o salen se convirtieron en trampas y las personas desesperadas quedaron atrapadas a unos metros de la salida. Había pilas de muertos en las rejas, donde las víctimas murieron asfixiadas o sufrieron fracturas por la muchedumbre que las había aplastado.

Unas 50 víctimas fueron encontradas en los dos baños del lugar, donde el humo que no dejaba ver hizo que creyeran que las puertas eran las salidas.

Martins confirmó que el acordeonista del grupo, Danilo Jacques, de 28 años, perdió la vida, en tanto que los otros cinco integrantes de la banda salieron sanos y salvos. Martins dijo creer que Jacques había salido del lugar y después había regresado para salvar su acordeón.

El lunes se efectuaron los primeros funerales de los fallecidos, como los de los hermanos Pedro y Mercello Salle. La mayoría de los muertos eran estudiantes universitarios de entre 18 y 21 años, pero también había menores de edad. Casi la mayoría de las víctimas murieron por inhalación de humo y no por quemaduras.

El ministro nacional de Salud, Alexandre Padilha, advirtió que el número de muertos podría subir considerablemente. El lunes dijo a la prensa en Santa María que 75 de los heridos se encontraban en condición crítica y podrían morir.

El alcalde de Santa María, Cezar Schirmer, declaró 30 días de luto por la tragedia, en tanto que Tarso Genro, gobernador del estado sureño de Río Grande do Sul, dijo que las autoridades investigan las causas del desastre.

El incendio es el que ha registrado el número más alto de muertos en Brasil después del ocurrido en 1961 en un circo en el que perdieron la vida 503 personas.

El siniestro del domingo al parecer también fue el peor ocurrido en un centro nocturno en el mundo desde diciembre de 2000, cuando otro atribuido a un accidente durante maniobras de soldadura causó la muerte de 309 personas en Luoyang, China.

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