Si observa un mapa de Río de Janeiro, no tendrá problemas para distinguir las playas y los famosos barrios de Copacabana e Ipanema. En el centro hay un gran bosque. Y también verá amplios espacios en blanco, sin nombres de calles, monumentos ni señal alguna de que estén habitados.

Esos sectores, sin embargo, son algunas de las zonas más densamente pobladas de la ciudad, las favelas que se levantan en las laderas de las colinas que rodean Río. El gobierno las consideró impresentables durante mucho tiempo y no las incluyó en los mapas, haciendo que esas comunidades sean invisibles en el plano legal.

Ahora esas localidades están siendo finalmente incorporadas a los mapas y los nombres de las calles están siendo estudiados. Una organización sin fines de lucro manejada por residentes o ex residentes de las favelas, llamada Rede da Mare, comenzó a hacer mapas de un grupo de favelas agrupadas en el sector conocido como Mare con un objetivo simple pero importante: poner sus viviendas en el mapa, con los nombres de las calles, códigos postales y direcciones oficiales.

Al no figurar en los mapas, los residentes de comunidades enteras no pueden recibir envíos postales, no tienen datos requeridos para abrir cuentas bancarias, solicitar empleo o decirle a la policía o los bomberos cómo llegar al lugar para resolver emergencias. Los residentes deben recoger sus cartas en asociaciones vecinales y cientos de miles de personas tienen que usar los códigos postales de otros barrios oficialmente reconocidos.

Conseguir direcciones oficiales es un paso fundamental para gozar de una ciudadanía real y ayuda a combatir el estigma y el abandono a que fueron condenados por las autoridades, según la directora de Rede Eliana Silva. Tener una dirección oficial permite eliminar algunas de las barreras que separan a la ciudad formal de las favelas, donde viven uno de cada cinco cariocas.

"Hay que hacer visibles estas zonas que históricamente no estuvieron en el mapa", dijo Silva. "Incorporarlas al mapa es como decir 'esta gente existe, están aquí y tienen los mismos derechos que los demás'''.

Los mapas no son una simple recolección de datos presentados objetivamente, según Jason Farman, profesor de la Universidad de Maryland que investiga la preparación de mapas y la prensa digital. También ofrecen la perspectiva de un cartógrafo, de una corporación, organización o gobierno.

"El que una comunidad no sea incluida en un mapa equivale a decir que esa comunidad no importa", declaró. "Elimina una parte vital de su identidad".

Los residentes de Mare están felices con los beneficios prácticos que representa tener los carteles de cerámica azul y blanca con los nombres de las calles en cada esquina.

Rede usó la misma metodología del Instituto de Geografía y Estadísticas del gobierno para estudiar el complejo de 16 favelas donde residen 130.000 personas. Produjo luego una vistosa guía de calles, distribuida gratis entre los residentes, que incluye no solo el nombre de la calle sino la historia de las favelas originales de la zona e información sobre las personas que dan sus nombres a las calles. La guía deja algunas calles en blanco, para que los residentes decidan sus nombres.

Daniel Remilik, nativo de Mare, ayudó a entrevistar a personas de la zona para determinar los nombres de las calles. En una tarde reciente vio cómo instalaban el cartel de la calle Jose Caetano y comentó que el hombre era un peluquero que ayudó a los recién llegados a instalarse.

Agregó que el trabajo que hizo le permitió descubrir muchas cosas de una comunidad que él creía conocer bien, que se encuentra entre dos de las principales carreteras de Río y es recorrida diariamente por jóvenes en motocicletas que portan armas automáticas y venden drogas abiertamente.

"Me encanta este lugar. Me crié aquí", dijo. "Ver que lo reconocen, que lo ponen en el mapa, me enorgullece. Puedo ver el mapa y decir, yo ayudé con esto".

Doralice de Freitas, quien vivía en la favela de Nova Holanda, parte de Mare, dijo que el barrio será uno más de la ciudad.

"Antes, si íbamos a algún sitio que no conocíamos, había que preguntarle a la gente, '¿sabe dónde vive esta persona?''', relató. "Ahora podemos hacer como todo el mundo, contar con un número y una calle y mirar el mapa".

La nueva visibilidad de las favelas no llega sin controversias.

Algunos cariocas se quejan de que Google Maps exagera el tamaño de las favelas, dándoles demasiada prominencia, ignorando distritos residenciales tradicionales y haciendo que la ciudad parezca "una aglomeración de favelas", según dijo el diario más importante de Río, O Globo, el año pasado. La secretaría de turismo de la municipalidad dijo que los mapas que aparecen en la red son "absurdos" y exigió a Google que los modificase.

Un portavoz local de la empresa dijo que no fue su intención hacer quedar mal a la ciudad y prometió destacar los sitios turísticos y los distritos olvidados, y cambiar el diseño de modo que las favelas aparezcan solo cuando el usuario busca una imagen más detallada de la zona.

Durante décadas, la gente ignoró la existencia de las favelas.

Una ordenanza municipal de 1937 dispuso que no debían aparecer en los mapas porque eran "temporales". Las clases media y alta las consideraban algo indeseable, pero conveniente porque ofrecían mano de obra barata. Las cosas cambiaron cuando llegaron las drogas en la década de 1980 y lejos de desdén, lo que las favelas produjeron fue miedo a las bandas de narcotraficantes. Hacia la década del 90 la municipalidad comenzó a hacer mapas de las zonas principales en el marco de programas de urbanización, dejando afuera vastas áreas.

Pero la ciudad ya no puede ignorar las favelas y su inseguridad ahora que se apresta a organizar la Copa Mundial de fútbol del 2014 y los Juegos Olímpicos del 2016. La policía ha estado ocupando favelas que eran controladas por el narcotráfico y restableciendo la autoridad del estado.

Ahora es posible llevar adelante proyectos como preparar mapas de estas comunidades, indicó Vinicius Gentil, que dirige la elaboración de mapas llevada a cabo por el Instituto Pereira Passos, un organismo oficial, en las favelas controladas por la policía.

Inspirado por el éxito de Rede da Mare, el Instituto está elaborando mapas en 120 favelas.

El proyecto es ambicioso y no es fácil manejarse en ese territorio, ocupado por 400.000 residentes y donde hasta hace poco reinaba la ley de las bandas de delincuentes. Abundan los callejones estrechos y retorcidos, tan oscuros que las lámparas que alumbran de noche permanecen encendidas durante el día.

Historiadores, sociólogos y trabajadores sociales del Instituto consultan con residentes que conocen mejor que nadie todos los vericuetos, comentó Gentil.

"Esta colaboración estimula un constante intercambio entre residentes y personas de afuera, al tiempo que ayuda a combatir la idea de que la favela es un territorio separado", dijo Gentil.

Los equipos del Instituto, entrenador por expertos de Mare, usan como punto de partida fotos de satélite de Google y cualquier mapa que encuentren que incluya las calles principales. Luego exploran los callejones, las calles sin salida y otros pasajes.

Corroboran que los barrios necesitan sistemas de alcantarillado, instalaciones deportivas y centros de atención de menores, dijo Gentil.

Los mapas que elaboran son revisados por geógrafos. Conseguir códigos postales implica más burocracia. Pero el resultado justifica el esfuerzo, según el experto.

"Es un proceso largo", expresó. "Lo importante es que es el mismo proceso que se lleva a cabo en el resto de la ciudad".