Equipos argelinos de desminado recorrían el domingo una refinería de gas natural que fue el escenario de una sangrienta toma de rehenes de cuatro días, en busca de trampas explosivas dejadas por los milicianos islámicos que tomaron decenas de prisioneros extranjeros. El episodio dejó al menos 23 rehenes muertos, y el gobierno estadounidense advirtió que hubo amenazas creíbles de nuevos intentos de secuestro contra ciudadanos occidentales.

Las fuerzas especiales argelinas irrumpieron el sábado en el complejo de gas natural a la mitad del Desierto del Sahara para terminar con el impase, y el gobierno dijo que los 32 milicianos murieron.

Dado que surgían pocos detalles del apartado lugar en el oriente de Argelia, tampoco estaba claro si alguien fue rescatado en la operación final, pero la cifra de rehenes muertos el sábado — siete — es la que los milicianos habían dicho esa mañana que aún tenían en su poder. El gobierno señaló que las cifras eran provisionales y que no se han contabilizado algunos extranjeros.

El primer ministro británico, David Cameron, dijo el domingo que tres británicos murieron y otros tres se creían muertos, al igual que un residente británico.

"Ahora, por supuesto, la gente hará preguntas acerca de la respuesta de Argelia en estos eventos, pero yo diría que la responsabilidad de estas muertes recae directamente sobre los terroristas que lanzaron un ataque sanguinario y cobarde", dijo Cameron.

El asedio a la planta procesadora de gas de Ain Amenas, operada conjuntamente por la británica BP, la noruega Statoil y la petrolera estatal argelina, causó conmoción en el mundo. Un grupo de islamistas se apoderó del complejo, donde había cientos de trabajadores de numerosos países.

La milicia tomó a los trabajadores como rehenes, mientras los militares argelinos rodeaban el complejo y los helicópteros de ataque sobrevolaban la zona durante cuatro días tensos, en los que surgieron reportes de combates y fugas.

La respuesta de Argelia a la crisis fue típica en la historia de las operaciones del país para confrontar a los terroristas. El gobierno ha preferido la acción militar a la negociación. La medida ha provocado muestras de indignación en los países preocupados por sus ciudadanos.

En un par de ocasiones, las fuerzas militares argelinas asaltaron las dos zonas donde eran retenidos los rehenes, con mínimos esfuerzos aparentes de mediación, una el jueves y otra el sábado.

"Para evitar un giro sangriento como respuesta a la extrema peligrosidad de la situación, las fuerzas especiales del ejército lanzaron una intervención con eficiencia y profesionalismo para neutralizar a los grupos terroristas que primero intentaban huir con los rehenes y luego volar las instalaciones de gas", dijo el ministerio del Interior de Argelia en un comunicado sobre el enfrentamiento.

Los equipos de desminado comenzaron a recorrer el complejo la noche del sábado y el domingo, en busca de trampas explosivas abandonadas por los milicianos, dijo el servicio estatal de noticias, que citó a funcionarios de seguridad que no nombró. Sonatrach, la empresa petrolera estatal que manejaba la instalación junto con la británica BP y la noruega Statoil, informó que los milicianos habían colocado explosivos en toda la refinería.

Argelia ha combatido a rebeldes islamistas en su territorio desde la década de 1990. Algunos extremistas se aliaron después a al-Qaida y crearon nuevos grupos en las zonas empobrecidas y mal vigiladas del Sahara, donde convergen las fronteras de Níger, Malí, Argelia y Libia.

Los milicianos atacaron la planta el miércoles por la mañana. Cruzaron desde Libia por la frontera que se ubica a unos 100 kilómetros (60 millas) y atacaron un par de autobuses que transportaban a trabajadores extranjeros hacia el aeropuerto. La escolta militar de los vehículos ahuyentó a los atacantes tras un tiroteo en el que perecieron un británico y un argelino, probablemente un guardia de seguridad.

Frustrados, los milicianos se dirigieron al complejo de gas, que se divide entre el espacio habitado por los trabajadores y la refinería. Tomaron la instalación y capturaron rehenes, informó el gobierno argelino. El flujo de gas hacia el sitio se interrumpió.

El jueves, helicópteros argelinos abrieron fuego contra un convoy que transportaba a los secuestradores y a sus rehenes, lo que derivó en un número indeterminado de muertes, según testigos.

Antes del último asalto, un rehén libre describió el sábado las peripecias de su fuga.

Rubén Andrada, de 49 años, un ingeniero civil filipino que trabaja para la empresa japonesa JGC Corp, dijo a The Associated Press que un helicóptero artillado argelino disparó a los vehículos que transportaban rehenes y contra los insurgentes que los utilizaban como escudos.

El jueves, unos 35 rehenes fueron metidos en siete vehículos utilitarios en un convoy en el que viajaban siete insurgentes, dijo Andrada. Los rebeldes colocaron un cordón detonante" en sus cuellos y les advirtieron que estallarían si intentaban escapar, agregó.

Posteriormente iban a una planta de gas cuando fueron atacados por el helicóptero que disparó a los vehículos, agregó.

"Cuando salimos del recinto las balas zumbaban por doquier", contó Andrada. "Cerré mis ojos: Viajábamos por el desierto. Confié todo a mi suerte".

"Cuando el insurgente que iba tras mi disparó contra el helicóptero artillado, el ruido era ensordecedor. Giramos súbitamente a la izquierda y nuestro Land Cruiser volcó en el costado derecho, donde me encontraba".

"Estaba inmovilizado por la persona junto a mí. Podía escuchar un helicóptero y sólo aguardaba a que me alcanzara un balazo desde el aire".

Posteriormente vio los restos calcinados de otro vehículo y una pierna cercenada de uno de los insurgentes. Otro rehén, un irlandés, dijo haber visto una cabeza de una de las personas que viajaban en el vehículo.

Andrada dijo que su vehículo se separó del convoy y volcó, lo que le permitió huir junto con el resto de los ocupantes.