Más de 140 naciones aprobaron el sábado un tratado internacional de carácter obligatorio para reducir las emisiones peligrosas de mercurio, coronando cuatro años de difíciles negociaciones pero sin llegar a incluir algunas de las medidas más estrictas concebidas por los proponentes.

El nuevo convenio busca reducir la contaminación con mercurio derivada de las actividades mineras, en dispositivos de plantas de servicios públicos así como en diversos productos y procesos industriales. También fija límites obligatorios y alienta cambios hacia alternativas que supriman la utilización, liberación o emisión de este metal.

El mercurio es un elemento natural que no se crea ni se destruye y su toxicidad es conocida desde hace siglos.

Este metal es liberado a la atmósfera, al agua y a la tierra durante la extracción artesanal de oro, en las plantas que utilizan carbón así como en interruptores eléctricos y termostatos que después son desechados y en amalgamas dentales. Las baterías, pinturas y cremas para aclarar la piel también contienen mercurio.

Debido a que el mercurio se concentra y se acumula en peces y se inserta en la cadena alimenticia, representa el mayor peligro de daño nervioso para embarazadas, mujeres en edad de criar a un bebé y para niños pequeños.

La Organización Mundial de la Salud indicó que no existen límites de seguridad en cuanto a la utilización del mercurio y sus componentes, que también pueden causar daño cerebral y renal, pérdida de memoria y deficiencia de lenguaje.

Hace una década, Suiza y Noruega comenzaron a impulsar un tratado internacional para limitar las emisiones de mercurio, proceso que culminó con la aprobación, el sábado, del acuerdo tras una sesión que duró toda la noche y que coronó una conferencia de una semana en Ginebra y otras sesiones similares efectuadas previamente en los últimos cuatro meses.

"El acuerdo nos ayudará a proteger la salud humana y el medio ambiente en todo el mundo", dijo en conferencia de prensa el embajador suizo para el ambiente, Franz Perrez.

Sin embargo, el tratado sólo obliga a las naciones que tienen minería de oro a escala artesanal o pequeña — una de las fuentes más grandes de emisiones de mercurio — a que elaboren planes nacionales para que antes de tres años a partir de la fecha en que entre en vigor reduzcan y si es posible eliminen el uso del metal en ese tipo de actividades.

Los gobiernos también aprobaron excepciones para algunos usos como en aparatos grandes de medición para los que no hay alternativas que no sean el mercurio, vacunas en las que el metal es utilizado como preservativo y productos utilizados en actividades religiosas o tradicionales.

Suiza, Noruega y Japón contribuyeron cada una con un millón de dólares para la puesta en marcha del tratado, pero representantes de la ONU dijeron que decenas de millones más serán necesarios cada año para ayudar a que lo cumplan los países en desarrollo.

Los recursos serán repartidos mediante el Fondo para el Medio Ambiente Mundial.