Seis pesos por día. Según el gobierno argentino, esa cifra alcanza para comer durante un día. La cifra de 6 pesos es el equivalente a 90 centavos de dólar en el mercado informal.

Sin embargo, en las calles de la capital, los seis pesos no alcanzan para más de un paquete de goma de mascar o un frasco de yogurt o un simple alfajor. Esta golosina tradicional de dulce de leche o chocolate es deliciosa pero apenas satisface lo que el gobierno denomina "requerimientos normativos kilocalóricos y proteicos imprescindibles para que un hombre adulto, entre 30 y 59 años, de actividad moderada, cubra durante un mes esas necesidades".

Mientras el Fondo Monetario Internacional analiza sancionar a Argentina por emitir datos inflacionarios imprecisos, The Associated Press revisó precios en Buenos Aires y no pudo hallar una lata de gaseosa por menos de 8 pesos. Incluso un emparedado de jamón y queso —sin lechuga ni tomate— costaba 13 pesos en un negocio céntrico.

"Nadie come por seis pesos por día", dijo el jueves Marta Villagra, de 25 años, mientras metía a su hijo de cinco años en un contenedor de basura para que le ayudara a romper bolsas de basura y abrirlas en busca de algo de valor.

Villagra agregó que ella pasa sus días recogiendo cartón para reciclar y que gana hasta 100 pesos al día, si tiene suerte. Eso cubre un guiso pobre para ella y su hijo, por 70 pesos, y deja muy poco para algo más.

La tasa oficial de inflación se basa en gran parte en lo que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) indica que es el costo total de 27 productos de la canasta básica, que mide el mínimo que una persona extremadamente pobre necesita consumir. El dato más reciente indica que la canasta básica mensual de alimentos de una familia de cuatro miembros costó 179,07 pesos en diciembre, lo que equivale a 5,99 pesos por día, por persona.

El FMI perdió la paciencia con estos números después de pedir durante años a Argentina mejorar su medición inflacionaria, que perdió credibilidad en 2007 después de que personas designadas por el entonces presidente Néstor Kirchner, esposo y antecesor de la actual mandataria Cristina Fernández, reemplazaron a especialistas en estadística.

La nueva metodología, que desde entonces ha mantenido la inflación oficial en el rango de 10% anual, no ha sido explicada del todo a pesar de que los consumidores se quejan de los crecientes costos de la carne y otros productos básicos.

Expertos del FMI y economistas argentinos han pasado meses trabajando con representantes del gobierno para recomendar formas muy detalladas para obtener cifras muy precisas otra vez, pero el gobierno aún debe adoptarlas.

El organismo internacional está ahora en el 12vo de 15 pasos para sacar a Argentina la "tarjeta roja", como lo describió la directora gerente del FMI Christine Lagarde, para los países que no siguen las reglas.

El lunes el INDEC anunció que la inflación argentina fue de sólo 10,8% en 2012, aunque economistas privados calculan que en realidad fue de 26% o más, la peor en América Latina.

Los bajos números de la inflación oficial han permitido al gobierno controlar el aumento de salarios y los precios al consumidor y al enmascarar lo que los economistas dicen es el verdadero tamaño del crecimiento económico, el gobierno también ha rebajado miles de millones en pagos que hace a bonos vinculados a la inflación.

El dato oficial refleja un esfuerzo más amplio del gobierno por controlar muchos aspectos de la economía argentina, subsidiar las empresas más grandes, fijar precios y controlar el tipo de cambio hasta el punto que ahora es casi imposible cambiar legalmente pesos por dólares.

Oficialmente, el dólar que generaciones de argentinos han usado como refugio de la inestable economía hoy se puede comprar por 4,96 pesos, previa aprobación del banco central y la agencia tributaria, , pero sólo para ser utilizado para el turismo y con un máximos de dos operaciones de cambio por año.

En la práctica, la necesidad de hacer estos trámites cada vez que se hacen operaciones monetarias han vuelto la compra de dólares casi imposible y fomentaron un mercado negro que los argentinos llaman "blue". Esta semana, la diferencia entre el tipo de cambio oficial y el ilegal se abrió más, porque el precio blue llegó a 7,54 pesos por dólar. A esa tasa, cualquier persona que comercie ilegalmente pesos por dólares pierde la mitad de su valor oficial.

La directora del banco central, Mercedes Marco del Pont, reiteró recientemente la posición del gobierno, al minimizar el mercado de divisas paralelo, diciendo que es muy pequeño en comparación con la economía en general.

"Es marginal y no incide en el funcionamiento del mercado de cambios", dijo el sábado en una entrevista con el canal de televisión líder en Argentina, C5N. "No debería incidir en la definición de costos de los formadores de precios", agregó.

Pero varios economistas dicen que debido a que los argentinos han perdido confianza en los datos oficiales, el dólar "blue" está haciendo lo mismo, convirtiéndose en uno de los indicadores más seguidos de la confianza del consumidor argentino, y como tal influye en los precios de todo, desde comida hasta bienes raíces .

"El dólar 'blue' está reflejando la inflación que la gente se siente en su bolsillo", dijo el economista argentino Enrique Dentice, de la Universidad de San Martin.

Los principales medios de comunicación y cibersitios siguen el intercambio ilegal del dólar "blue" por minuto. Al igual que con el INDEC, sus metodologías no son transparentes, pero como el mercado es independiente, ofrece un vistazo de cómo los argentinos ven su economía.

Dentice sospecha que la influencia de los principales exportadores, entre ellos los importantes productores argentinos de soja, que pronto debe vender su cosecha y cuyos beneficios en dólares aumentan cada vez que el peso cae.

Según Dentice, ellos están atentando contra la psiquis argentina, que sostiene que la economía es más fuerte de lo que muchos creen.

"Es psicológico," dijo, notando la poca fe que los argentinos tienen sobre su futuro económico. "La diferencia refleja la tasa de devaluación que esperan", agregó.

"Es una memoria ancestral que genera ciertos comportamientos. Tenemos una memoria ancestral, esperamos salvarnos con el dólar", añadió.

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