El presidente Sebastián Piñera afirmó el jueves que Chile es un solo país frente a algunas peticiones de grupos de indígenas mapuches que demandan autogobernarse.

Durante un encuentro con corresponsales de la prensa internacional Piñera dijo que "este gobierno está comprometido con el reconocimiento constitucional de los pueblos originarios" pero advirtió que "Chile es un país multicultural, pero definitivamente nosotros estamos absolutamente convencidos de que Chile es un solo país, una sola nación".

El mandatario fue consultado por el tema luego de que la víspera durante una reunión de representantes de medio millón de comunidades mapuches se acordó proclamar su autogobierno en la zona de La Araucanía, 800 kilómetros al sur de Santiago.

En esa región se han concentrado una serie de ataques contra haciendas, bodegas y camiones, que alcanzaron su pico más violento el 4 de enero cuando desconocidos presuntamente mapuches atacaron una finca y la quemaron con sus dueños en su interior.

Para bajar la presión, el gobierno inició esta semana un diálogo con mapuches proclives al gobierno y con autoridades regionales, pero en la mesa de negociaciones estuvieron ausentes los indígenas que luchan por la devolución de sus tierras ancestrales y por un Estado mapuche.

Los mapuches no tienen una única autoridad ya que cada nueva aldea o comunidad que se forma designa sus propias autoridades.

Piñera sostuvo que "tenemos varios pueblos, muchas culturas, somos un país multicultural, pero somos un solo país y por tanto toda idea de que hay dos naciones dentro de Chile o que debe haber dos países dentro de Chile es algo que éste gobierno no comparte".

Agregó que "somos todos chilenos, la mayoría de nosotros tiene sangre mapuche, se calcula que más del 90% de los chilenos tiene sangre mapuche".

Los mapuches son la mayor etnia indígena, con unas 800.000 personas, que descienden de bravos guerreros que resistieron a la conquista española en el siglo XV y luego al Estado chileno que en el siglo XIX empujó al sur del país.

Poco después el Estado impulsó una política de colonización que al final se tradujo en un despojo de las tierras indígenas por parte del gobierno de turno o de los mismos colonos que se apropiaron de extensos territorios rodeados de cordillera, ríos y mar, arrinconando a los indígenas en reducciones donde hoy viven en la extrema pobreza.

La mayoría de las comunidades acepta la política oficial de reparto de tierras, muchas de ellas improductivas luego de que fueron plantadas con pinos o eucaliptos por las grandes compañías forestales.

El sector de los mapuches rebeldes es muy activo.