Si existe un lugar donde se comprenda el dolor que sienten los habitantes de Newtown, es Dunblane, el poblado cuya pena se convirtió en un catalizador de cambios en las leyes británicas sobre control de armas.

En marzo de 1996, un hombre de 43 años llamado Thomas Hamilton entró en una escuela primaria de este poblado de 8.000 habitantes en el centro de Escocia y mató a tiros a 16 niños de edad preescolar y a su profesor con cuatro armas de fuego adquiridas legalmente. En las semanas posteriores, los habitantes del pueblo formaron la campaña Campanilla de invierno — nombrada como la primera flor de su primavera — para presionar a favor de la prohibición de pistolas. En pocas semanas, habían recabado 750.000 firmas de apoyo. Para el siguiente año, la prohibición se había convertido en ley.

Es un patrón familiar desde Gran Bretaña hasta Australia: el dolor por las matanzas ha sido sucedido por acciones para endurecer las leyes sobre armas de fuego.

Muchos buscan que eso mismo suceda en Estados Unidos, tras el asesinato de 20 niños, alguno de apenas 6 años, en una escuela primaria en Newtown, Connecticut. Muchos otros estadounidenses insisten en que las leyes no deberían cambiar.

En Dunblane, los habitantes se han estado congregando en el monumento en recuerdo a las víctimas de la matanza en el pueblo para firmar un libro de condolencias, pero se resisten a aconsejar a los estadounidenses sobre lo que hay que hacer.

"A nosotros no nos corresponde decirle a Estados Unidos qué hacer sobre el control de armas de fuego. Eso le corresponde a la gente allá", dijo Terence O'Brien, integrante del consejo de la comunidad de Dunblane. "Lo que sucedió aquí fue similar en muchos aspectos, pero la cultura en su conjunto es diferente".

Cuando se trata de armas de fuego, Estados Unidos es excepcional. El país cuenta con la tasa de propiedad de armas de fuego entre civiles más elevada del mundo, con 89 armas por cada 100 personas, de acuerdo con Small Arms Survey, un grupo de investigación sobre armas de fuego con sede en Ginebra.

Los defensores de la libertad de poseer armas de fuego, entre ellos la influyente Asociación Nacional de Portadores de Armas, han bloqueado los intentos por endurecer las leyes estadounidenses sobre armas de fuego tras matanzas previas. Quienes apoyan la libre posesión de armas argumentan que el derecho de poseer armas, consagrado en la Segunda Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, hace de la posesión de armas de fuego un asunto de derechos civiles en lugar de simplemente un tema de seguridad pública.

Los que apoyan el control de armas de fuego suelen citar la drástica respuesta de Australia a la matanza de 1996 en el estado sureño de Tasmania que dejó 35 muertos.

El tiroteo causó indignación en todo el país, y en 12 días, los gobiernos federal y estatal habían acordado imponer leyes más estrictas de posesión de armas de fuego, incluyendo una prohibición de fusiles semiautomáticos como el Colt AR-15 usado por el agresor en Tasmania. El asesino de Connecticut usó un arma similar.

Este tipo de leyes también fueron endurecidas en Canadá después de los asesinatos de 14 mujeres estudiantes de ingeniería en 1989 en Montreal cometidos por un misógino, y en Alemania después que un joven de 19 años recién expulsado de la escuela mató a 16 personas, entre ellas 12 profesores, en Erfurt, en 2002.

Incluso Finlandia, amante de las armas de fuego — con 45 de ellas por cada 100 personas_, endureció sus leyes luego de dos tiroteos en escuelas en 2007 y 2008 al aumentar la edad mínima para poseer armas de fuego y otorgar mayores poderes a la policía para revisar los antecedentes de individuos que solicitan una licencia para portar arma de fuego.

¿Las restricciones funcionan?

En el caso de Australia, se registraron más de una decena de tiroteos con al menos cinco muertos entre 1981 y la masacre de Tasmania. No ha habido ninguno en los 16 años transcurridos desde entonces.

No obstante, en Gran Bretaña, los primeros cuatro años posteriores a la promulgación de leyes más estrictas para control de armas, el crimen con armas de fuego aumentó, señala Peter Squires, profesor de criminología en la Universidad de Brighton.

A largo plazo, Squires cree que el cambio en las leyes si marcó una diferencia. Los delitos en Gran Bretaña han disminuido continuamente luego de alcanzar un máximo en 2002.

Aquellos que creen que el endurecimiento de las leyes es necesario reconocen que no es la panacea. Noruega tiene estrictos controles de armas de fuego, pero Anders Behring Breivik mató a tiros a 69 personas en julio de 2011 con una pistola y un fusil que adquirió legalmente.

Pero alegan que la alternativa es peor.

"No hay acción parlamentaria ni legislativa que pueda garantizar que nunca habrá una masacre", dijo el domingo el ex ministro británico del gabinete Jack Straw, quien era secretario del interior en 1997 cuando se formuló la prohibición de pistolas en el país.

"Empero, entre más fortalezcas las leyes, más reduces los riesgos", sentenció.

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Lawless reportó desde Londres. Los periodistas de The Associated Press Rod McGuirk en Camberra, Australia, John Heilprin en Ginebra, Karl Ritter en Estocolmo y Matti Huuhtanen en Helsinki contribuyeron con este despacho.