El ministro francés de la Reconstrucción Productiva, Arnaud Montebourg, amenazó con dimitir el sábado al sentirse desautorizado con el acuerdo sobre la acería de Florange, de ArcelorMittal, para la que había preparado un escenario de nacionalización.

"Libération" reveló hoy la crisis gubernamental que se vivió durante el fin de semana, y que tuvo su punto crítico el sábado por la tarde cuando Montebourg, considerado la figura más izquierdista del Gobierno, redactó un discurso de dimisión, que finalmente se quedó en proyecto ante la demanda de los sindicatos de Florenge, y sobre todo del presidente francés, François Hollande.

Hollande, según el diario, hizo una serie de concesiones a su ministro encargado de la industria que corregían sobre todo en la forma el anuncio hecho el viernes por la noche por el primer ministro, Jean-Marc Ayrault, del acuerdo con ArcelorMittal para mantener actividad en el complejo de Florenge, en el este del país.

Hollande autorizó a Montebourg a seguir defendiendo que la opción de una nacionalización sigue abierta para el caso de que el propietario del gigante mundial de la siderurgia, Laskhmi Mittal, no cumpla el compromiso enteramente.

Según Montebourg, Mittal sólo ha dicho que va a "estudiar" el proyecto de transformar los altos hornos de Florenge -actualmente parados- en un complejo siderúrgico modernizado con tecnologías de recuperación de una parte de los contaminantes.

En su anuncio del viernes, Ayrault fue particularmente duro con la posición que había mantenido durante los días anteriores Montebourg, en especial al considerar que la hipótesis de una nacionalización no era eficaz frente a los problemas que hay que afrontar, que son de competitividad.

El primer ministro puso el acento entonces en que no habrá plan social (y por tanto no habrá despidos), en que los 629 trabajadores de la acería en parón serán recolocados en la empresa, y en que ArcelorMittal debe invertir 180 millones de euros que evitan el cierre definitivo de esos altos hornos y dejan abierta la puerta a su reconversión.

También Ayrault había descalificado por "poco seria" la hipótesis sostenida por su titular de la Reconstrucción Productiva de otro industrial que estaba interesado en comprar todas las instalaciones de ArcelorMittal en Florange.

Los sindicatos, que hoy se reúnen en Florange antes de ser recibidos en los próximos días por el primer ministro para conocer los detalles del compromiso con Mittal, desde que se hizo público han mostrado su malestar por su contenido ya que entienden que en la práctica significará el fin de la actividad en los altos hornos.

Hoy, el secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT), Bernard Thibault, consideró que el dispositivo comunicado por Ayrault supone "una renuncia condenable" frente a la nacionalización que defendía su central.

"No creo que se salve Florenge", advirtió Thibault en una entrevista a la emisora "France Info".

El acuerdo presentado el viernes prevé que ArcelorMittal conservará la acería que se encuentra parada y que de momento seguirá así, aunque la empresa se compromete a seguir invirtiendo en ella (los citados 180 millones de euros en cinco años).

Para los trabajadores desaparece el fantasma del despido, ya que Mittal les ofrecerá posibilidades de recolocación interna, aunque tampoco logran que los altos hornos vuelvan a producir, cuando menos a corto o medio plazo.