El Gobierno iraquí advirtió hoy a los responsables de la región autónoma del Kurdistán de no mandar más refuerzos militares a la provincia petrolera de Kirkuk y a las otras zonas en conflicto entre las dos partes.

Tras una reunión presidida por el primer ministerio, Nuri al Maliki, el gabinete aseguró que "la decisión kurda de enviar nuevas fuerzas militares a esa región durante las últimas horas no reflejan una buena voluntad para solucionar los problemas pendientes".

Las fuerzas de "peshmerga" -las milicias armadas kurdas de Irak- mandaron hoy, según confirmó una fuente del Kurdistán, refuerzos adicionales a Kirkuk.

Esta provincia está habitada por árabes, kurdos y turcomanos, y estas tres comunidades reivindican como propio este territorio.

La tensión entre el Gobierno central y las autoridades del Kurdistán aumentó hace unas semanas cuando Bagdad desplegó nuevas fuerzas militares en la provincia de Kirkuk para evitar atentados terroristas.

En su nota, el Ejecutivo de Maliki insiste en que ha abogado por la solución de los problemas a través del entendimiento y del dialogo.

Por ello, pidió a los responsables kurdos "cesar esos comportamientos y darse cuenta del peligro de esa vía y de los riesgos que puede traer a todas las partes".

Los analistas iraquíes califican la situación de "muy peligrosa" y teman que si continúa esa tensión entre las dos partes puede desencadenarse un conflicto armado.

Ayer, el presidente del Parlamento iraquí, Osama al Nayifi, advirtió también de los riesgos que conlleva esta crisis entre Bagdad y Erbil, la capital del Kurdistán.

"Hay unas evoluciones preocupantes que demuestran que la ciudad de Kirkuk se ha convertido en un frente militar donde se distribuyen armas a la población", agregó Al Nayifi, quien anunció que visitará esta zona por segunda vez para proponer nuevas ideas para poner fin a la crisis.