El sistema carcelario de Uruguay, acosado por problemas de hacinamiento y un alto índice de reincidencia, experimenta con la creación y explotación de huertos hidropónicos por parte de los internos para educarlos, capacitarlos y en última medida reinsertarlos en la sociedad.

El programa, que fue presentado hoy en el Penal Libertad, el más grande del país, pero que ya tiene casi un año de desarrollo, implicó la construcción de invernaderos y sistemas de riego y cultivo por parte del primer grupo de 30 presos que participó en el mismo y que ya están a punto de recoger su primera cosecha.

Según explicó a Efe Jaime Saavedra, subdirector del Instituto Nacional de Rehabilitación de Uruguay, esta iniciativa surge del proceso en el que está metido el país de "transformar su sistema penitenciario", apostando por "por vincular a los presos con el trabajo y la educación".

La idea es que los productos de la huerta, que incluye lechugas, tomates, y rúcula, entre otros cultivos, sirva por un lado para "autoabastecer" a la prisión y, por otro lado, "en la medida en que se desarrolle a todo su potencial" serán industrializados y puestos a la venta en un trabajo en el que participarán internas de cárceles para mujeres de Montevideo.

"Cuando esté produciendo al máximo, lo que ocurrirá en un par de meses, se levantará un segundo invernadero. Y si sigue con este ritmo que tenemos ahora, estimamos que incluso podríamos tener una rentabilidad de unos 3.000 dólares por cosecha", señaló Saavedra.

Pese a todo, el funcionario destacó que el factor más importante ha sido el trabajo con los presos y con su entorno inmediato, que favorecen y estimulan la participación en estas actividades que además implican el aprendizaje "de tecnologías codiciadas".

"De momento todo está funcionando perfectamente. De los tres internos del programa que están ahora en libertad, dos están trabajando en huertos de este tipo, tanto en el cultivo hidropónico como realizando tareas conexas", destacó.

Según dijo Rodríguez, los participantes del programa tienen "una alegría entusiasta por esta labor", que también se extiende a sus núcleos familiares, que los ven participar en un trabajo productivo.

"Es raro decirlo pero se ve que recuperan esperanza y perspectiva. Y en última instancia se percibe como un movimiento espiritual que hace por reencontrarnos y que todo este sistema funcione un poco mejor", razonó.

De momento, la iniciativa lleva invertidos unos 340.000 dólares, pero dado su éxito se está pensando en extenderlo a otras cárceles de Uruguay, además del plan para industrializar el producto en prisiones de mujeres.

"En las prisiones hay lugar adecuado para desarrollar esto. El tema no será el dinero, sino encontrar los internos que quieran hacer algo de esto. Y en eso estamos muy esperanzados", culminó.

Diversos organismos internacionales, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), o las Naciones Unidas, han tildado recientemente de "infrahumanas" las condiciones de las cárceles uruguayas dadas sus malas condiciones y el hacinamiento en el que viven los presos.

Dichos organismos también destacaron los esfuerzos que el Gobierno del presidente José Mujica está realizando para revertir esta situación invirtiendo en la construcción de nuevas prisiones y mejorando las ya existentes.