El Gobierno de Ruanda criticó hoy la retención, por parte del Reino Unido, de una ayuda de 26 millones de euros destinada al país africano, por su supuesto apoyo a los rebeldes congoleños del M23, y aseguró que esa decisión "mina la consecución de la paz" en la República Democrática del Congo (RDC).

"La clave para Ruanda es la estabilidad en el este de la RDC y en la región. Esto es lo importante para nosotros", afirmó hoy la ministra ruandesa de Asuntos Exteriores, Louise Mushikiwabo, en un comunicado publicado en la página web del Gobierno ruandés.

"Esa acción daña a Ruanda y no sirve en absoluto para ayudar a la RDC", aseveró Mushikiwabo.

Asimismo, la canciller ruandesa rechazó las acusaciones por el supuesto apoyo ruandés al M23, surgidas, según el texto, de "un muy controvertido informe del Grupos de Expertos sobre la RDC de la ONU".

"Las acusaciones falsas y políticamente motivadas contra Ruanda sirven a quienes ignoran sus responsabilidades y no entienden la compleja gobernanza y los desafíos de seguridad que han afectado a la RDC durante varias décadas", agregó la ministra ruandesa.

"Culpar a Ruanda puede que convenga en un corto plazo político, pero aleja una solución efectiva y duradera (para el conflicto en la región)", añadió.

Mushikiwabo lamentó lo que percibe como un uso de la ayuda "para castigar o recompensar la conducta percibida de los países receptores, o para aplacar las críticas nacionales".

Por su parte, la líder opositora ruandesa, Victoire Ingabire -sentenciada a 8 años de prisión el pasado mes por delitos de negación del genocidio ruandés de 1994 y terrorismo- celebró, a través de su cuenta de Twitter, la congelación de los fondos anunciada hoy por Londres.

Ruanda y Uganda aparecen señalados por la ONU como actores del actual conflicto en el este de la RDC en apoyo del M23 y, a pesar de que ambos países han negado estas acusaciones, en los últimos días la prensa internacional ha publicado evidencias de su implicación.

Desde 1994, existe un fuerte vínculo entre Ruanda y el este de la RDC, que hacen frontera en la estratégica ciudad de Goma, tomada el pasado día 20 por el M23, y de la que ya han comenzado a retirarse tras alcanzar un acuerdo con el Ejecutivo de Kinshasa.

El genocidio de Ruanda, en el que se calcula que murieron unas 800.000 personas, causó un éxodo masivo hacia la RDC no sólo de refugiados, sino también de precursores de la matanza, a los que el autoritario régimen del presidente ruandés, Paul Kagame, quiso dar caza.

Desde entonces, los militares ruandeses han pisado con frecuencia el territorio vecino.

El M23 lo forman soldados congoleños amotinados y supuestamente fieles al rebelde Bosco Ntaganda, buscado por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y contra la humanidad.

Ntaganda se integró hace tres años en las fuerzas de la RDC al contribuir a la pacificación de Kivu del Norte tras ayudar a detener, en 2009, a Laurent Nkunda, antiguo señor de la guerra y general del Ejército.

Los rebeldes se sublevaron el pasado abril para protestar por la pérdida de poder impuesta por el Gobierno a su líder, y renegociar el acuerdo del 23 de marzo de 2009, que supuso su integración en el Ejército y da nombre al grupo.

La RDC se encuentra inmersa todavía en un frágil proceso de paz tras la segunda guerra del Congo (1998-2003), que implicó a varios países africanos, y tiene desplegada en su territorio una ingente misión de la ONU.