La economía de Brasil permaneció al ralentí en el tercer trimestre, con un magro crecimiento del 0,6 por ciento que sorprendió a las autoridades, debido a que la crisis internacional se extendió de la industria al sector servicios.

El dato del producto interior bruto (PIB) del tercer trimestre se quedó en la mitad del 1,2 por ciento que había pronosticado hace una semana el ministro de Hacienda, Guido Mantega, que hoy expresó su "sorpresa" por los pésimos resultados del sector bancario y el bajo nivel de gasto realizado por las administraciones públicas.

El resultado más preocupante fue la caída del 1,3 por ciento del segmento de servicios financieros, lo que contribuyó al estancamiento (0,00 por ciento) del conjunto del sector servicios.

Mantega afirmó en una teleconferencia que el resultado del sector bancario "no es nada serio" porque, según él, se debió a un descenso puntual en el volumen de concesión de créditos.

En los últimos meses el Gobierno ha presionado a los bancos para que disminuyan sus tasas bancarias lo que, sumado al paulatino descenso de los tipos de interés, ha reducido la rentabilidad que los bancos obtienen por prestar dinero.

El descenso de los créditos también va en línea con el aumento de la tasa de morosidad, que ha llegado al 5,9 por ciento, y a la caída del ahorro hasta el 15,6 por ciento del PIB, su nivel más bajo desde 2001, dos indicadores que muestran que las familias están cada vez más cortas de efectivo.

"El sector financiero es muy sólido", afirmó Mantega, que adelantó que el Gobierno pretende anunciar la próxima semana medidas para fomentar las líneas de crédito dedicadas a financiar la inversión.

Al margen del sector bancario, el conjunto de la economía tocó fondo al concluir en septiembre con la tasa de crecimiento anual más baja desde 2009, un 0,9 por ciento, tres décimas menos que en julio.

A pesar de ese dato, el ministro valoró la incipiente recuperación de algunos sectores industriales clave y aseguró que el conjunto de la economía "está en proceso de aceleración" en el cuarto trimestre.

"La recuperación ocurrió en los sectores que más nos preocupaban: la industria de transformación y la agropecuaria", comentó el ministro.

La industria registró un alza moderada del 1,1 por ciento, un resultado "excelente" para el jefe económico del Gobierno, sobre todo en comparación con el dato negativo del trimestre anterior.

Precisamente, el subsector manufacturero que mejor se comportó fue la industria de transformación, que se expandió un 1,5 por ciento.

En cambio, el importante sector minero continuó ahondando su crisis con una bajada del 0,4 por ciento, debido principalmente a la caída de las exportaciones de hierro y otras materias primas a China, el mayor cliente de Brasil.

La expansión del sector agrícola, del orden del 2,5 por ciento, también fue inferior a lo que los analistas habían calculado, aunque el Gobierno acogió bien el dato.

Desde el punto de vista de la demanda, la formación bruta de capital bajó un 2,0 por ciento, un dato que muestra que "la inversión es lo que más tarda en reaccionar a la crisis", en palabras de Mantega.

El sector público tampoco contribuyó al crecimiento, al estancarse su consumo en un 0,1 por ciento, una cifra para la que "no hay explicación", mientras que el consumo de las familias, principal motor de crecimiento del país, se expandió un 0,9 por ciento.

El Gobierno espera una mejoría para el cuarto trimestre y que la economía despegue en 2013 gracias en parte a los incentivos y las rebajas tributarias que se han concedido en los últimos meses y que todavía no han tenido un efecto pleno en la actividad económica.

A pesar de la crisis, Brasil roza el pleno empleo, al alcanzar en octubre una tasa de desempleo del 5,3 por ciento de la población activa, según cifras oficiales que sólo toman en cuenta los datos de las seis mayores ciudades del país.