El Gobierno uruguayo compartió hoy con empresarios y agricultores bolivianos los beneficios del uso de la biotecnología para desarrollar cultivos como el de la soja, que es uno de los principales productos de exportación de ese país.

El uso de semillas transgénicas en Uruguay ha tenido un impacto "muy fuerte" en su agricultura en la última década, pues los cultivos de soja han pasado de 8.000 hectáreas en 2002 a más de un millón este año, destacó en Bolivia el subsecretario del ministerio uruguayo de Agricultura, Enzo Benech.

"La agricultura, que en un momento no era importante, hoy es el rubro principal (de las exportaciones uruguayas). La soja es el principal cultivo y hemos tenido un 6 % de crecimiento del producto interior bruto sostenido en los últimos diez años, esto da una idea de la magnitud del impacto", agregó.

Benech presentó estos datos en un foro en La Paz sobre biotecnología, organizado por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), una entidad privada que asesora a los exportadores, y la Asociación de Proveedores de Insumos Agropecuarios (APIA).

El uruguayo señaló que el desarrollo de estos cultivos fue posible gracias a un marco legal "que abre las posibilidades al uso de tecnología en la medida en que no sea nociva a la salud ni al medio ambiente y que económicamente le sirva al país".

Benech también replicó a los grupos ambientalistas que rechazan el uso de la biotecnología argumentando que actualmente la mayor parte de la soja que se consume en el mundo es transgénica y que "si fuera mala para la salud, nos estaríamos muriendo todos".

Reconoció que es un tema "sensible" con el que no todos estarán de acuerdo, pero remarcó la necesidad de conocer la biotecnología y usarla "en beneficio de los seres humanos".

El IBCE y la APIA organizaron el foro a propósito de la promulgación en octubre pasado de la "Ley Marco de la Madre Tierra", que prohíbe el uso de semillas transgénicas y establece la eliminación gradual de la tecnología para producir organismos genéticamente modificados.

Los agricultores bolivianos, sobre todo los del oriente del país, han rechazado la norma porque consideran que ese veto les restará competitividad y, en consecuencia, caerá la producción de soja y de girasol, cuyos cultivos ya son transgénicos casi en su totalidad.

Según el sector, si se resta competitividad a su producción, el Gobierno de Evo Morales tendría que volver a importar alimentos que serían transgénicos y alegan, además, que el veto también afectaría a los avicultores y lecheros que usan la soja como complemento para alimentar a sus animales.

El gerente general del IBCE, Gary Rodríguez, señaló que los productores "le tomarán la palabra" a Morales que hace unos días se comprometió a revisar algunos artículos de la norma porque fueron incluidos "de contrabando".

En 2011, las exportaciones de esas oleaginosas lograron un valor de 800 millones de dólares y este año se prevé alcanzar una cifra de 950 millones.