El Ejército de Etiopía seguirá presente en Somalia hasta que las tropas de la Misión de la Unión Africana (UA) en ese país africano (AMISOM) estén en condiciones de sustituirles en sus posiciones, en el suroeste somalí.

"Estamos esperando a que las fuerzas de AMISOM vengan y nos reemplacen. Hasta que no tengamos esa seguridad, estaremos allí esperando", dijo hoy a los periodistas el primer ministro etíope, Hailemariam Desalegn.

Durante su primera visita oficial a Adis Abeba, el presidente somalí, Hassan Sheikh Mohamud, señaló que el objetivo de las tropas progubernamentales presentes en Somalia es consolidar los avances realizados recientemente en el campo de batalla, para lo que necesita ampliar su capacidad militar.

En ese sentido, Etiopía se encarga de entrenar a militares del país vecino como parte de los acuerdos de cooperación entre ambos países, que también incluyen formación en asuntos legales y administrativos.

"Nos están entrenando no sólo de forma teórica, sino también en el campo de batalla", aseguró Mohamud.

A pesar de los avances logrados este año en el terreno político, con la elección de un Parlamento, un presidente, y un primer ministro -y su correspondiente Gobierno- que puso fin al Ejecutivo de transición, Somalia se encuentra todavía inmersa en un prolongado conflicto armado.

En él, las tropas de AMISOM, el Ejército somalí, las Fuerzas Armadas etíopes y varias milicias pro gubernamentales combaten a los fundamentalistas islámicos de Al Shabab.

Al Shabab, que anunció el pasado febrero su unión formal a la red terrorista Al Qaeda, lucha para instaurar un Estado islámico de corte wahabí en Somalia.

Aunque las tropas aliadas arrebataron a finales del pasado septiembre a Al Shabab su mayor bastión, la ciudad costera sureña de Kismayo, los radicales aún controlan buena parte del centro y el sur de Somalia, donde el frágil Ejecutivo somalí aún no puede imponer su autoridad.

Somalia vive en un estado de guerra civil y caos desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barré, lo que dejó al país sin un gobierno medianamente efectivo y en manos de milicias radicales islámicas, señores de la guerra que responden a los intereses de un clan determinado y bandas de delincuentes armados.