La dictadura uruguaya (1973-1985) empleó de forma sistemática la violencia sexual sobre las mujeres detenidas como forma de tortura y con el fin "perverso" de destruir a sus víctimas "física y moralmente" y generarlas "vergüenza para garantizar la impunidad del victimario".

Eso es lo que se desprende del libro "Las Laurencias: violencia sexual y de género en el Terrorismo de Estado uruguayo", que fue presentado hoy en Montevideo y en el que se recogen ocho artículos que analizan y explican el uso de la violencia sexual en ese período histórico y las consecuencias físicas y psicológicas que esas prácticas tuvieron sobre sus víctimas.

Según explicó a Efe Soledad González, una de las compiladoras del libro, en las prisiones, calabozos y cuarteles donde las fuerzas militares que gobernaban el país encerraban ilegalmente a sus opositores, se usaron todo tipo de prácticas de abuso y violencia sexual de forma sistemática hasta el punto de constituir en sí mismas una vulneración específica de los derechos humanos.

"En realidad no se sabe a cuantas afectó, probablemente a todas las detenidas, ya que violencia sexual es algo más que una violación. Es que te desnuden, que te manoseen, que te violen, que te miren cuando vas al baño, que obliguen a parir estando encadenada. Como mínimo todas fueron desnudadas a la fuerza para someterlas a tortura", indicó González.

La investigadora señaló que lo que sí se conoce más es el efecto que tuvo, ya que la violencia sexual tiene el "poder de que con una sola acción destruye a una persona física y moralmente, pues se ubica más allá de la tortura".

"El objetivo es generar una dominación perversa, porque la violencia sexual genera vergüenza, que al tiempo genera impunidad del victimario. Los victimarios se aseguran un entorno de silencio entorno a sus delitos usando esta violencia, algo que no sucede con otras torturas más fáciles de relatar", apuntó.

González recordó además, que el uso de esta violencia sexual, que tenía como fin último "apropiarse de las mujeres", mientras que la violencia sexual que se aplicó a los hombres lo que buscaba era "feminizar y humillar" a los detenidos.

Según refleja el libro, esta situación generó un silencio prolongado sobre estos crímenes, de los que apenas se escuchó hablar desde el fin de la dictadura en 1985, hasta que en 2011 un grupo de 28 víctimas de la dictadura presentaron una denuncia penal por estos sucesos.

"El silencio prolongado fue más bien un no querer escuchar, porque en realidad era sabido entre los militares que se produjeron estos crímenes, ya que hay confesiones de que acudían a los cuarteles a participar en estos actos cuando sabían que había mujeres detenidas", señaló.

La idea tras este libro es generar "una base" que sirva como puntapié a mayores investigaciones en este sentido sobre un tema sensible y que pone a la violencia sexual como una modalidad específica de violación de los derechos humanos, al tiempo que sirva a las víctimas a procesar su daño y romper su silencio.