La OCDE ha constatado en los últimos meses un deterioro de la situación económica de sus países miembros y no descarta que vaya a peor, en particular en una zona euro en plena recesión, sin olvidar el riesgo que supone la falta de acuerdo en Estados Unidos ante el llamado "precipicio fiscal".

En su informe semestral de Perspectivas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) revisó a la baja sus estimaciones, sobre todo para la zona euro, cuya economía va a caer un 0,4 % este año -tres décimas más de lo esperado en mayo- y va a continuar con un descenso del 0,1 % en 2013.

La recuperación, que hace seis meses se auguraba ya el año próximo, no llegará hasta 2014, con una subida del Producto Interior Bruto (PIB) del 1,3 %.

Sin ser tan malo, el escenario tampoco es ideal para Estados Unidos, con una progresión del PIB del 2,2 % este ejercicio, y del 2 % el próximo, lo que significa respectivamente dos y seis décimas menos de lo estimado en su anterior informe. El ritmo de incremento debería acelerarse al 2,8 % en 2014.

El economista jefe de la OCDE, Pier Carlo Padoan, admitió en conferencia de prensa que "la situación parece peor que hace seis meses", sobre todo en la zona euro, con cinco países en recesión en 2013: Grecia (-4,5 %), Eslovenia (-2,1 %), Portugal (-1,8 %), España (-1,4 %) e Italia (-1 %).

Padoan previno de que, aunque no sea su escenario de referencia, "las cosas pueden ir a peor", lo que podría conducir a una caída del PIB de cerca del 3 % en la zona euro en 2013 y de casi el 4 % en 2014, con ligeros descensos en el de Estados Unidos.

En caso de confirmarse esas últimas hipótesis, la OCDE considera que habría que proceder a nuevas rebajas de tipos de interés en Europa y en diversos países emergentes, y que los Estados que disponen de margen fiscal (citó en especial a China y Alemania) tendrían que utilizarlo para estimular la demanda.

Precisamente para evitar esos malos augurios, el economista jefe insistió en que en Estados Unidos la prioridad es evitar el "precipicio fiscal", el recorte automático del gasto público si no hubiera un acuerdo político de aquí a fin de año.

Para la eurozona, las recetas son varias, empezando por romper el vínculo entre la situación delicada de algunos bancos y las deudas soberanas, lo que exige capitalizar las entidades en dificultades y llevar a la práctica la unión bancaria.

Tanto el economista jefe como el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, pusieron el acento en que la política de ajustes se tendría que organizar y anunciar no país por país, sino coordinadamente a escala de la zona euro.

"Se reforzaría la credibilidad si los recortes se llevaran a cabo con carácter coordinado", para dar la idea de que no hay una política fiscal singular, indicó el primero.

Además, Gurría insistió en que los países sometidos a mayor presión no deben aplicar ajustes suplementarios además de los ya anunciados, para evitar los efectos recesivos que ya se han constatado.

Incluso apostó por aplazar los objetivos de reducción del déficit y, hablando del caso de España, destacó que su Gobierno "ha hecho los deberes" al tomar medidas "difíciles y costosas políticamente", de forma que ahora "puede exigir a sus socios de la UE y al FMI" que le den garantías de apoyo en caso de tener necesidades financieras.

Los dos recordaron las asimetrías internas en los Estados de la moneda única generadas durante la primera década de este siglo, por ejemplo en los costes laborales y señalaron que además de las reformas del mercado de trabajo que se están llevando a cabo en los países del sur, Alemania podría contribuir a su corrección con mayores incrementos salariales.