Desde su fundación en 1921 hasta hoy, el Partido Comunista chino (PCCh) ha dejado de lado su voluntad de conseguir una base de afiliados de clase trabajadora para centrarse en personas con un alto nivel académico, tecnócratas y hasta propietarios de negocios privados.

A diferencia de sus inicios, cuando se tenían en cuenta valores como la lealtad, el sacrificio o el fuerte sentimiento anticapitalista, ahora el proceso de afiliación se ha vuelto más complejo, con muchos más requerimientos y menos posibilidades de entrar en el selecto club que guía la segunda potencia mundial.

Según datos de finales de 2011, el PCCh contaba con 82 millones de afiliados, lo que le convierte en la organización política más grande del mundo, pero que supone aproximadamente el 5,6 % de la población china.

La afiliación al partido es voluntaria, y para convertirse en miembro uno debe ser elegido por sus coetáneos dentro la formación y aprobado por los superiores del partido.

"No es fácil que te escojan, tienes que pasar un proceso largo, que dura varios años, hasta que te eligen", explicó a Efe una candidata de apellido Lin, procedente de la provincia de Fujian (sureste del país).

Uno de los requisitos -no formales, pero sí en la práctica- es ser miembro de la Liga de Juventudes Comunistas (LJC), una organización que cuenta actualmente con 75 millones de afiliados y que abarca a los jóvenes de entre 14 y 28 años, de la cual salió, por ejemplo, el aún jefe de Estado chino, Hu Jintao.

Lin, de 23 años y graduada en Filología Portuguesa, forma parte de la LJC y empezó hace un mes los trámites para conseguir la afiliación al Partido. "Comienza con una declaración por escrito solicitando tu voluntad de ingreso", explicó.

"Después, recibes una formación especializada sobre la pertenencia al Partido. Debes marcarte unas metas personales y académicas y reflexionar cada día sobre lo que piensas y lo que sientes respecto al Partido", precisó la aspirante.

Todos los candidatos deben contar, además, con un mentor dentro de la formación que recomiende y escriba positivamente sobre el postulante, y se hacen controles minuciosos para asegurar que el futuro miembro tiene "un expediente limpio".

"Una vez te han aprobado esta parte, te conviertes en candidato oficial", explicó Lin, quien no ha llegado aún a esta fase.

Los controles siguen hasta que, tras entre uno y cinco años, los aspirantes se convierten en miembros oficiales.

Los últimos datos facilitados por el PCCh indican que en 2010 se presentaron hasta 21 millones de personas para ingresar en la formación, algo que solamente consiguieron 3,15 millones, el 15 % de los postulantes.

En el caso de la joven, su interés para acceder al Partido parece deberse más a unos objetivos realistas y menos a su devoción por los ideales comunistas.

"Algunas actividades de mi empresa, como algunos cursos de formación, solamente las pueden hacer los miembros del Partido, y según qué materiales y libros te los pagan si estás afiliado", aseguró.

Aunque no quiso entrar en este terreno, se cree que la afiliación al PCCh puede aumentar las posibilidades de ser contratado o promocionado en las industrias estatales o en otras empresas grandes, que ven con buenos ojos esta condición.

En el caso de los estudiantes, además de las oportunidades laborales una vez graduados, la consecución de según qué beca puede estar sujeta -o al menos influida- por la afiliación.

"No considero que formar parte del Partido Comunista sea una marca de excelencia, pero sí que en cierto sentido da prestigio profesional y personal", admitió.

Mucho más irónico se mostró durante el XVIII Congreso del PCCh uno de los hombres más ricos de China, Liang Wengen, cuando los periodistas le preguntaron por los supuestos beneficios de ser un miembro de la formación.

"Quise afiliarme en el Partido hace más de dos décadas porque la pertenencia al mismo le daba a un joven más posibilidades de encontrar una mujer, especialmente una guapa", comentó. Xavier Fontdeglòria