El Gran Premio de Brasil, última carrera este año del Mundial de Fórmula Uno y que cumple 40 años en esta edición, mueve unos 230 millones de reales (unos 115 millones de dólares) para el turismo de la ciudad, según informaron hoy fuentes oficiales.

La Alcaldía de Sao Paulo también prevé que el número de turistas nacionales y extranjeros representa el 26 por ciento del público que acompaña los tres días de la prueba en el autódromo, según los cálculos de la oficina municipal de turismo.

Por ese motivo, la ciudad espera continuar con la realización de la prueba en los próximos ocho años.

La prensa brasileña destacó hoy que el alcalde electo, Fernando Haddad, que integra el Partido de los Trabajadores (PT) de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, y el actual, Gilberto Kassab, que formaba parte de la oposición, pretenden reunirse con la organización de la Fórmula Uno para ampliar el contrato hasta 2020.

Los precios este año para las entradas durante los tres días de la prueba oscilaron entre los 500 y 10.000 reales (entre unos 250 y 5.000 dólares).

Paralelo a la disputa deportiva que siempre rodea al Gran Premio de Brasil, esta vez con la lucha por el título entre el alemán Sebastian Vettel (Red Bull) y el español Fernando Alonso (Ferrari), la prueba paraliza siempre a la mayor ciudad y se consolida como su principal evento.

A pesar de la ola de violencia que sacude la ciudad, con más de 300 personas asesinadas el último mes, muchas de ellas policías, el público no desistió de la Fórmula Uno y las autoridades montaron un fuerte operativo de seguridad en el autódromo, próximo de varias favelas.

En total, la Policía Militarizada tendrá 1.077 patrullas, con un promedio de cuatro efectivos cada una; 60 agentes de caballería, una cantidad no informada de motorizados y cuatro helicópteros equipados, además de policías intérpretes en varios idiomas para dar informaciones de tránsito y turismo a los visitantes extranjeros.