La característica "saudade" lusa evocada por las voces del fado toma cuerpo en los trajes reunidos desde hoy en una exposición abierta en Lisboa, en la que la sobresale la figura de la mayor exponente del género, Amália Rodrigues.

La muestra, que lleva por título "Con esta voz me visto", se exhibe en el Museo del Diseño y la Moda (MUDE) de la capital durante los próximos cuatro meses y presenta decenas de piezas en maniquíes o retratadas en fotografías acompañados por los textos que las han inspirado.

"Antes de Amália Rodrigues no había una conciencia estética del fado", explicó en declaraciones a Efe Bárbara Coutinho, directora del museo que alberga la exposición.

En su opinión, la legendaria artista "supo sacar partido a su imagen y convertirse en una diva", de tal modo que "todo lo posterior son reinterpretaciones de su estilo".

Amália Rodrigues (Lisboa, 1920-1999), considerada la "Reina del Fado", adoptó de sus antecesoras dos elementos clave en la imagen que se transmite hoy de la canción portuguesa por excelencia: el chal y el uso parcial del negro, "símbolo del existencialismo de sus temas", detalló Coutinho.

Sin embargo, la artista cambió desde el punto de vista estilístico la tradición fadista al optar por una imagen en negro integral, en contraste con las faldas largas con vuelo y camisas blancas utilizadas desde mediados del siglo XIX y acompañadas de un chal de color.

Con su uso de tonos oscuros pretendía "un marco silencioso para la voz", de acuerdo con la directora del MUDE, que apuntó que sus trajes eran realizados en materiales ricos para aportar dimensión.

"El negro refleja la luz, de forma que cambian las tonalidades dependiendo del tipo de material y por tanto es una luz introspectiva pero a la vez dinámica", señaló Coutinho.

Además, también introdujo la secular capa de los estudiantes de la universidad portuguesa de Coimbra entre sus prendas "fetiche", lo que la hizo popular entre las generaciones posteriores.

Los modelos en negro que vistió Amália Rodrigues, diseñados en su mayoría por Ana Maravilhas y Maria Teresa Mimoso, marcaron un antes y un después en el fado, motivo por el que con ellos se inicia la exposición.

En la muestra también se pueden ver piezas de color utilizadas por la cantante en algunos de sus temas más folclóricos.

Tras el fallecimiento de Rodrigues, la mayoría de sus discípulas continúa la "ruptura" de la tradición iniciada por la artista, aunque cada una mantiene un estilo particular "para representar las distintas identidades del fado".

Unas optan por vestir de manera más "radical" como la fadista Misia, quien a pesar de mantener el negro, escoge modelos de corte contemporáneo de variados diseñadores, entre ellos varios de la española Sybilla, única estilista no portuguesa presente en la exposición.

Por otro lado, los trajes de artistas más jóvenes como Mariza, Ana Moura o Carminho dejan ver la tendencia imperante a vestir "como una cantante de cualquier otro género" surgida en los años 90, cuando el fado se introdujo en la cultura pop y sus artistas abrazaron otros estilos.

La exposición apenas recoge diseños de las figuras masculinas del género, debido en buena parte a su clasicismo, y cuyo uniforme habitual era traje de dos piezas aderezado con boina y chaleco corto, como los utilizados por Alfredo Marceneiro y presentes en la muestra.

Sólo un atuendo completo de Paulo Bragança, que alcanzó la popularidad en los 90 y que hizo de sus pies descalzos su seña de identidad, se cuela entre los ricos -y en su mayoría largos- trajes femeninos.

Los vestidos que caracterizan el fado también tienen su reflejo literario en poemas, canciones y cartas, con títulos como "Tu vestido azul" o "Mi chal", recogidos en la última etapa de esta muestra junto a las portadas de los discos de las divas del género, enfundadas en algunos de los diseños que reúne esta exposición.

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Por Ana Aranda Menéndez