La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó hoy de que ya son 116 las personas muertas por el brote de fiebre amarilla detectado este mes en la región sudanesa de Darfur, donde se han registrado 459 casos de la enfermedad.

Según el comunicado remitido hoy por el organismo internacional, el brote afecta a 26 localidades del centro y del sur de Darfur, donde un equipo del ministerio sudanés de Sanidad, con asistencia de la OMS, trata de evaluar la situación y determinar líneas de acción.

El Gobierno sudanés inició el martes una campaña de vacunación de 10 días en las 12 localidades más afectadas, que alcanzó a 2,2 millones de personas, como medio para detener la enfermedad

En la zona trabajan también la OMS, UNICEF, Médicos sin Fronteras (MsF) y la Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR).

La fiebre amarilla (término que alude a la ictericia que presentan algunos pacientes) es una enfermedad vírica aguda, hemorrágica, transmitida por mosquitos infectados, con una tasa de mortalidad del 50 % en los casos graves no tratados.

Se calcula que cada año se producen en el mundo 200.000 casos de fiebre amarilla, que causan unas 30.000 muertes, siendo endémico el virus en zonas tropicales de África y América Latina, en las que viven aproximadamente 900 millones de personas.

Su diagnóstico es difícil, sobre todo en las fases tempranas, porque puede confundirse con el paludismo grave, el dengue hemorrágico, la leptospirosis, la hepatitis viral (especialmente las formas fulminantes de hepatitis B y D) y otras fiebres hemorrágicas.

La vacunación es el remedio más efectivo, dado que no hay tratamiento específico para la fiebre amarilla.

Solo se pueden instaurar medidas sanitarias para combatir la fiebre y la deshidratación, que pueden mejorar el desenlace de los casos graves, pero que raramente están disponibles en las zonas más pobres, según recuerda la Organización Mundial de la Salud.